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6 mar 2017

Historia de la revista Forbes

Forbes es una revista especializada en el mundo de los negocios y las finanzas, publicada en Estados Unidos. Fundada en 1917 por B. C. Forbes, cada año publica listas que despiertan gran interés en el ámbito de los negocios como Forbes 500. Su sede central se encuentra en la Quinta Avenida de Nueva York. Desde 1986, cada año Forbes publica su lista de las personas más ricas del mundo («The World's Richest People»).

Forbes es una editorial estadounidense. Su publicación principal, la revista Forbes, se publica cada dos semanas. Sus competidores principales, en la categoría de revistas de negocios, a nivel nacional son Fortune, la cual se publica también cada dos semanas, y Business Week. La revista es mundialmente famosa por sus listas, incluyendo las listas de los americanos más ricos (the Forbes 400) y sus listas de milmillonarios. El lema de la revista es «La herramienta del Capitalista». 

Historia

B. C. Forbes, un columnista de finanzas de Hearst, y su socio Walter Drey, el director general de Magazine of Wall Street, fundaron la revista Forbes en 1917. Forbes puso el capital y el nombre y Drey la experiencia periodística. El nombre original de la revista era Forbes: Dedicado a personas que hacen y lo que hacen. Drey se convirtió en vicepresidente de la compañía, mientras que B.C. Forbes se convirtió en el jefe editorial, puesto que ocupó hasta su muerte en 1954. B.C. Forbes fue ayudado, en sus últimos años de vida, por sus dos hijos mayores, Bruce Charles Forbes (1916-1964) y Malcolm Stevenson Forbes (1917-1990).
Bruce Forbes se encargó de la revista tras la muerte de su padre, y su punto fuerte era modernizar operaciones y el desarrollo comercial. Durante su mandato, 1954-1964, la circulación de la revista se dobló. Sin embargo, en el aumento en la circulación, tienen mucho que ver los inversionistas y la confianza que le dieron a la revista.
Cuando Malcolm Forbes tomó el mando, no se ocupó de las operaciones pero si proveyó dos iniciativas estratégicas que cambiaron a Forbes para siempre. El instituyó un equipo de trabajo en casa, en lugar de utilizar periodistas independientes, y publicó el primer artículo de listas, por las cuales Forbes se hizo famoso.

En la muerte de Malcolm, su hijo mayor Malcolm Stevenson “Steve” Forbes Jr. (1947-) se convirtió en Presidente, y editor en jefe de la revista. Entre 1961 y 1999 la revista fue editada por James Michaels. En 1993, bajo la jefatura de Michaels, Forbes fue finalista al premio de Revista Nacional. En 2006, un grupo de inversionistas Elevation Partners (entre los que se incluye la estrella de rock Bono) compró un interés minoritario en la compañía. The New York Times, en 2009 anunciô que un 40% de la empresa se vendió por 300 millones de dólares, poniendo el valor de la empresa por 750 millones de dólares. Continúa leyendo

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6 feb 2017

Lo que une a los Rothschild y a los Rockefeller

Rothschild y Rockefeller son dos apellidos que se asocian casi instintivamente con dinero y son dos dinastías que han dado de qué hablar por décadas en Europa y en Estados Unidos. Esta semana volvieron a estar en los titulares al anunciar que unirán sus fuerzas. Continúa leyendo

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7 ene 2012

In time, ¿una película marxista made in Hollywood?

Por Jon Juanma*

Jon Juanma es el pseudónimo de Jon E. Illescas Martínez, licenciado en Bellas Artes e investigador de las Industrias Culturales de la FCM en la UA y la UCM (España).

En “La ideología alemana”, Karl Marx y Friedrich Engels afirmaban que “las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época” o lo que es lo mismo que:

La clase que tiene a su disposición los medios para la producción material dispone con ello, al mismo tiempo, de los medios para la producción espiritual, lo que hace que se le sometan, al propio tiempo, por término medio, las ideas de quienes carecen de los medios necesarios para producir espiritualmente.
1

En esta reflexión voy a intentar demostrar porqué el filme norteamericano In Time (“A tiempo” o “El precio del mañana”2, de Andrew Niccol actualmente en las carteleras), a pesar de la utilidad general de la citada premisa marxista, es una de las películas hollywoodienses con un mensaje más revolucionario de todas las realizadas hasta la fecha en la historia del cine. Pero, ¿cómo es posible que Hollywood, la misma industria que ha sido epicentro de gran parte de la propaganda capitalista desde hace casi un siglo, produzca ahora una película blockbuster que sea casi tan revolucionaria como el Manifiesto Comunista? Analicemos y entendamos el fenómeno desde lo que pretende ser una aportación a la teoría marxista de la cultura, la ideología y las industrias culturales. Aportación que en ningún momento pone en cuestión la validez tendencial de la cita reproducida de Marx y Engels, sino que intentará corregir algunas interpretaciones mecanicistas que no hacen sino metahistorizar y empobrecer la herramienta marxista para la revolución social.

Comencemos con el guión de la película: estamos en el año 2161, los humanos han sido modificados genéticamente de tal modo que al cumplir 25 años un temporizador vital visible en sus antebrazos comienza la cuenta atrás, si bien su apariencia física queda atrapada en la juventud a pesar de que puedan vivir longevamente. A partir de ese momento, deben conseguir tiempo si no quieren que el crono llegue a cero y mueran. El tiempo es el dinero del futuro, la nueva divisa que simboliza el valor de cambio. Se gana tiempo trabajando y se pagan los bienes y servicios de la misma forma. De este modo el cronómetro genético se va actualizando a medida que uno desembolsa o ingresa la nueva moneda temporal. En este futuro distópico la sociedad está dividida de manera brutal por tres clases: los super ricos (muy pocos), los acomodados (pocos) y los pobres (mayoría). Los pobres tienen poco tiempo y deben estar continuamente trabajando a gran velocidad si no quieren morir jóvenes (lo cual sucede frecuentemente). Los ricos pueden llegar a acumular cientos y hasta miles de años, siendo prácticamente inmortales y aprovechándose del excedente productivo que extraen a los pobres asalariados.
El protagonista de la trama es un obrero (de fábrica para más in ri) llamado Will Salas (Justin Timberlake) que ve morir a su madre prematuramente ante su imposibilidad de pagar las deudas y la constante subida de precios con los que la élite gobernante asfixia a la clase obrera. De repente, la vida de Will cambia radicalmente cuando se encuentra a un rico borracho en un bar de los suburbios. Unos atracadores intentan dejarlo sin dinero (sin vida) pero Will lo salva y éste a cambio le hace una revelación: no tiene sentido vivir para siempre y la inmortalidad de los ricos se basa en la alta mortandad planificada de los pobres: “Para que unos pocos sean inmortales, muchos han de morir”. La metáfora con nuestro sistema es evidente. Seguidamente el rico (el atractivo M.Bomer) se suicida sin que Will pueda evitarlo y minutos antes, mientras dormía, le regala un siglo de vida al verse impresionado por su buen corazón y sus ganas de vivir. Con este dinero el protagonista decide ir más allá de los suburbios, que están separados por varias aduanas infranqueables para todo aquel que no tenga dinero. De este modo conoce el barrio de los más ricos entre los ricos, los que tienen el verdadero poder: el distrito de New Greenwich3. De este modo Will comenzará una aventura que le hará comprender los límites del sistema y las posibilidades revolucionarias para derrocarlo mientras lucha por su propia supervivencia junto a Sylvia (A.Seyfried), la hija rebelde de un magnate de las financias de New Greenwich.

El filme está repleto de enseñanzas revolucionarias, marxistas, obreristas e internacionalistas. Por ejemplo, al colocar el tiempo como Tiempo de Trabajo Socialmente Necesario (TTSN)4 para la generación de valor en las mercancías y la extracción de plusvalor por parte de los capitalistas, el filme destaca la importancia del espacio-tiempo como centralidad en la lucha de clases. La película también contiene una crítica explícita a la ideología neoliberal, que en un diálogo entre el protagonista con el magnate Weis, uno de los malos, éste defiende el sistema como “capitalismo darwinista” justificando y apoyando la conocida sentencia del darwinismo social de corte liberal que afirma que “sólo los más fuertes sobreviven”. Por otra parte el protagonista, en contraposición, sentencia en una escena: “Nadie debe ser inmortal si sólo una persona ha de morir”, ergo nadie debe ser rico materialmente si una sola persona no puede tener satisfechas sus necesidades vitales. Crítica definitiva a nuestro sistema. Más adelante, Will y Sylvia plantean varias veces cuando van a robar los bancos de tiempo que lo que van a hacer no es robar cuando el tiempo (dinero) se le quita a los primeros ladrones (el famoso “expropiación de los expropiadores” por el que aboga el Manifiesto Comunista)5. Además, la figura del “esquirol/traidor de clase” es representada por dos personajes: el guardián de tiempo Murphy y el mafioso “minutario” Fortis que aparecen como traidores a su clase, ya que los ambos nacieron en el gueto, pero viven de explotar a sus habitantes. El propio Fortis, reconoce su papel y el de su banda cuando ante Will afirma que la policía le permite delinquir libremente porque mantiene el sistema controlado al solamente atracar y asesinar a los de su clase. Por otra parte, ahondando entre las similitudes flagrantes del mundo distópico de la película con el sistema capitalista, nos encontramos con las aduanas que separan los mundos de In Time donde para franquearlas se debe pagar un alto importe sólo accesible a los capitalistas. Este elemento es muy interesante, porque en la película se afirma que no hay una prohibición legal de cruzarlas “libremente” para nadie, pero cuando Will, un obrero, lo hace (con dinero), saltan todas las alarmas del sistema en la figura del guardián de tiempo (el cuerpo represor). O sea: no hay prohibición legal pero si imposibilidad real para la fuerza de trabajo = libertad casi total de movimientos para el capital, opresión y restricciones para la fuerza laboral (aduanas, permisos de residencia y laborales, ciudadanos de segunda con derechos amputados, etc). Otro momento importante de In Time acontece cuando se afirma que el problema no es que Will y Sylvia estén robando dinero, sino que el “crimen” radica en que lo están regalando poniendo en peligro la viabilidad del sistema en su conjunto, permitiendo que los obreros, aunque sea momentáneamente tengan tiempo para algo más que producir. En otra vertiente, una parte muy humanista a destacar dentro del mensaje anticapitalista de la película que lima las interpretaciones marxistas más sectáreas, sanguinarias y mecanicistas se produce cuando Will contesta a Sylvia sobre si él la odia por pertenecer a la clase explotadora que pertence y responde que no, que nadie tiene culpa de nacer donde nace. O sea, nadie elige desde que lugar comenzar “la partida”. Este mensaje es muy importante porque Marx apuntó muchas veces que cuando criticaba despiadadamente a los capitalistas, lo hacía como miembros abstractos de una clase, no como personas. Pueden existir algunos capitalistas que hagan más por la revolución que muchos obreros, como fue el caso de Engels, sin el que Marx no podría haber sido lo que fue y nosotros no podríamos disfrutar de su impresionante legado revolucionario. Por tanto, lo importante no es donde naces, sino qué haces con lo que te viene dado. Un mensaje profundamente emancipador.

Hasta aquí me he limitado a explicar algunas claves sobre el porqué defiendo que la película posee un mensaje revolucionario y humanista en toda regla, pero no quiero contarlas todas porque no desearía desalentar a los espectadores sobre su visionado. Al contrario, animo seriamente a todos los revolucionarios y activistas del mundo a verla y servirse de In Time para hacer talleres de economía política crítica donde explicar las interesantes conexiones entre la película y la obra nuclear de Marx: “El Capital”. Con intención de facilitar su estudio entre las masas obreras (especialmente con los jóvenes). Esta movie puede ser una gran herramienta para hacer llegar a personas sin alta formación académica la teoría marxista del análisis del capitalismo y el materialismo histórico, haciendo las anotaciones necesarias donde se precise y ayudando a ilustrar la densa teoría de Marx con las excelentes “imágenes en movimiento” que nos regala In time.

Ahora pasemos a analizar cómo es posible que Hollywood haya realizado una película así y que esto nos sirva para hacer una crítica demoledora a la teoría aciaga de autores fatalistas de la tradición filomarxista como Adorno o Marcuse que planteaban la imposibilidad de una rebelión sistémica o creían imposible la emisión de un mensaje revolucionario desde las propias industrias culturales (IICC). Estos autores avizoraban las IICC como un bloque todopoderoso (decir que alguien o algo es todopoderoso implica dotarlo de una infinidad imposible en el mundo material, renunciar a la revolución y negar la propia dialéctica variable del poder no como posesión sino como capacidad social)6. Mi tesis, en cambio, es la siguiente: si bien la producción hollywoodiense se caracteriza por estar repleta de películas que tienden a fortalecer las ideologías de las clases dominantes como afirmaban Marx y Engels, en algunos contextos históricos se transgreden, por lo que la teoría marxiana ha de dar cuenta de estos casos y explicar su génesis. En especial cuando el sistema en su conjunto se halla en crisis por sus propias contradicciones y ante luchas grupales o individuales de especial talento. Es justo lo mismo que afirmaban los autores alemanes que ocurría con la superestructura política en tiempos de inestabilidad: cuando diversas clases se hallan en pugna sin que se avizore un claro ganador (como a veces ocurrió entre la corona, la burguesía y la aristocracia en los inicios del capitalismo mercantil o como puede ocurrir con el bonapartismo en los inicios del capitalismo industrial u otros momentos de la lucha de clases). Esto no significa que podamos esperar que Hollywood mayoritariamente, ni tan siquiera significativamente, comience a realizar películas que animen a la revolución socialista, al menos bajo la hegemonía productiva capitalista. Pero lo que sí debemos aprender los marxistas es a ser críticos y no dogmáticos con nuestra propia teoría y conseguir entender donde están las contradicciones de las clases dirigentes y cómo a veces podemos aprovecharlas para nuestro beneficio, también en el terreno cultural. Debemos ser capaces de bucear entre las fallas sistémicas para poder construir contrahegemonía con las herramientas capitalistas que son las que, en definitiva, tenemos (junto con otras de sistemas históricos anteriores). Diferenciar los elementos progresivos de los regresivos. Entonces comencemos a entender el caso de In Time… ¿quiénes fueron los agentes que participaron en su producción y difusión?

El filme está siendo distribuido en las salas por 20th Century Fox, una de las grandes hollywoodienses propiedad del derechista Ruper Murdoch (que muy posiblemente no sepa ni que la película existe), y Regency Enterprises, productora y cadena de televisión que ha producido excelentes filmes críticos como JFK de Oliver Stone o la excelente A Time to Kill (“Tiempo de matar”, de Joel Schummacher). La producción de In Time corrió a cargo de New Regency, filial de la codistribuidora Regency Enterprises, y la productora Strike Entertainment (“Huelga Entretenimiento” en castellano), productora de tamaño medio que tiene un acuerdo de first look con Universal7, lo que en la jerga legal hollywoodiense quiere decir que todos sus proyectos deben ser ofrecidos en primer lugar a Universal y si ésta los rechaza, la compañía es libre de presentárselos a otra major. Con lo cual podemos averiguar casi con toda seguridad que In Time tuvo resistencias capitalistas y fue posiblemente rechazada por Universal antes de que Regency le diera luz verde, ¿quizás por un guión “excesivamente politizado hacia la izquierda”?

Hagámonos otra pregunta pertinente: ¿Qué aceptación está teniendo In Time por los voceros de la industria encargados de alentar o desalentar el consumo de las mercancías culturales entre las masas? Pues más bien beligerante cuando no mediocre, si bien la película está viéndose respaldada con un importante éxito de taquilla en relación al presupuesto. Por ejemplo, Kyle Smith del New York Post8 , se cebó con la película por su propaganda marxista dándole una estrella y media sobre cuatro acusándola de que “el futuro que muestra está totalmente pasado de moda”, que la película “tampoco funcionaría en la Rusia de 1917” o que el director miente cuando el filme “asume que detrás de toda gran fortuna hay un gran crimen”. Smith como intelectual orgánico burgués que es, ladra contra un filme de Hollywood que sin duda podría reclamarse de ideología comunista y termina reconociendo que “la película alienta un programa redistributivo para que los obreros del mundo se alcen contra la industria privada”. Y sin duda en esta última frase, como mandarín del sistema, da en la diana. Por su parte, Peter Travers de la supuestamente juvenil y “rebelde” superventas Rolling Stone9, como no puede meterse de lleno a criticar el guión de corte izquierdista, lo hace hablando mal de la película y reconoce que ha sido pensada “para gustar a los del movimiento Occupy Wall Street” como si eso fuera algo malo: hacer una obra para que guste a un público determinado (cosa que han hecho los artistas desde el principio del Arte). No parece que ese hecho moleste a Travers cuando las películas se producen para gustar a un público chauvinista, racista o neoliberal, como la gran mayoría de la cartelera blockbuster que ella tiende a adorar. El periodista sentencia, jugando con el título de la película, que si vamos a verla serán dos horas desperdiciadas del tiempo de nuestra vida. Quizás Travers debiera advertir con el mismo consejo a los que suelen compran Rolling Stone, la cual desde luego no está diseñada para aquellos que quieren ocupar Wall Street, sino para los que prefieren sostenerla, como su dueño Jann Wenner que desde su compañía Wenner Media sufraga el Partido Demócrata de Obama y el clan Clinton10.

En cuanto al presupuesto de In Time, y por tanto respecto al apoyo de la gran industria, fue más bien discreto para ser Hollywood : alrededor de 40 millones de dólares (unas 4 veces menos que las más comerciales). Pero ya lleva cosechados más de 117 millones de $.11 Es de notar, que la mayoría de ellos (82 millones), provienen de fuera del mercado norteamericano con lo que se viene consolidando la tendencia depresiva del mercado interno estadounidense (entre otras cosas por el empobrecimiento de su clase obrera) y la expansiva del exterior, lo que obliga a Hollywood a, si quiere seguir ganando dinero, realizar películas cada vez menos “estadounidenses”. Capitalismo puro. Y eso también se nota en In Time, que con su estética azonal podría estar representando el conflicto barrios residenciales-guettos (burguesía vs trabajadores) de cualquier ciudad “occidental” de EUA, pero también de Sudáfrica, España o Brasil. El filme tiene un lenguaje cinematográfico mainstream no geolocalizado, cercano a un estilo internacional con una escenografía sobria, sin artificios, que enfatizan la dureza de la sociedad personificada en la embrutecida vidas de los obreros.

Sin ser una obra maestra del cine, In Time sí es una buena película comercial con un mensaje revolucionario con lo que ello implica: la posibilidad de que muchas personas del mundo, no militantes ni activistas, al ir al cine a “pasar el rato” tengan la oportunidad de “pasarlo bien” y reflexionar, a la par, sobre el sistema en el que viven. Sin duda más de una de ellas abrirá los ojos y se unirá a las filas de la resistencia.

Desde aquí le doy las gracias a Andrew Niccol, director y guionista de In Time, por esta contribución a la cultura pedagógica revolucionaria, junto a mi más sinceras felicitaciones por haber realizado un buen thriller que en todo momento nos mantiene atentos a la pantalla y además, nos invita (más bien nos exhorta) a pensar críticamente sobre nuestro papel en el sistema que vivimos. ¿Qué más se puede pedir en estos tiempos que corren de protofascismo capitalista financiero? Niccol, que ya fue coguionista de “El show de Truman” y director y guionista de “El señor de la guerra” vuelve a sorprendernos con una película radicalmente distinta al resto del repertorio blockbuster, que basa su atractivo en su argumento rebelde, el pulso narrativo y el reclamo que puedan tener para los jóvenes los coprotagonistas: la experimentada actriz Amanda Seyfried y la estrella de la música pop, reconvertida en actor con pretensiones “serias”, Justin Timberlake. Si es verdad que la película tiene algunos puntos débiles como ciertas incongruencias narrativas, la puesta en escena de situaciones poco creíbles o la falta de un mayor metraje que les permitiera a los personajes ganar en profundidad y complejidad (resultado posible de las limitaciones presupuestarias); pero sin duda la película merece la pena para pasar un buen rato y la propuesta argumental se desenvuelve certeramente junto a una fotografía notable de la mano de R. Deakins, colaborador habitual de los hermanos Cohen.

Para despejar las dudas de aquellos que piensen que nada bueno puede salir de Hollywood resaltemos que el director y guionista llevaba seis años sin dirigir un filme y volvió a hacerlo después de muchos proyectos rechazados. Preguntado en una entrevista cómo conseguía cofinanciación de un gran estudio cuando su película demoniza esos mismos conglomerados capitalistas, el director de origen neozelandés contestó que “afortunadamente los productores no se leyeron el script” (guión) y consiguió venderles el proyecto focalizando el hecho de que todos los personajes en la película tendrían solamente hasta 25 años de edad, con lo que significaría de reclamo para el público potencial de la producción: los jóvenes. Además, Niccol concordó con el entrevistador T. Cook, que la película sin duda abogaba por “una amplia y radical revolución” para el mundo entero12.

Sin duda, como deseaban Marx y Engels, los marxistas debemos asumir el papel de vanguardia del proletariado o el de intelectuales orgánicos de los que hablaba Gramsci (a medio camino entre los libros y la práctica revolucionaria); por tanto en lo que debemos evitar convertirnos por antítesis es en unos tarugos sectarios con la cabeza cuadrada y los ojos vendados ante la compleja lucha de clases que se despliega a nuestro alrededor. Que sepamos que mayoritariamente las industrias capitalistas reproducen la ideología dominante no significa que siempre puedan hacerlo, del mismo modo que los grandes capitalistas (como individuos) no son siempre unos jodidos hijos de…su madre. Vivimos en momentos de crisis sistémica y a lo largo de la superestructura cultural, se pueden abrir grietas en la medida en que los artistas se solidaricen con las causas de los pueblos y las grietas en la infraestructura económica permitan que se expresen. Porque de lo contrario, si decimos a un público no movilizado contrahegemónicamente que ve en In Time una película revolucionaria, que todo lo que salga de las industrias capitalistas es “basura”, estaremos asumiendo falsamente que su poder es ilimitado, pintando un escenario aciago y pequeño-burgués para unas masas con las que de esta manera no conectaremos ni produciremos cambio alguno en el devenir histórico. El marxismo es herramienta revolucionaria que debe nutrir la lucha popular, no la insumisión de una élite acomodada de carácter nihilista, a salvo de las luchas reales tras los despachos de alguna cátedra universitaria o la herencia familiar . Debemos dar cabida para la reflexión y la autocrítica en la teoría marxiana para entender que pese a que In Time es también una mercancía como cualquier producto humano en el mercado capitalista (del mismo modo que “El Capital” de Marx en las librerías, nuestra conexión a Internet o el agua que bebemos); In Time también es un producto fruto del trabajo humano objetivado que nos permite transformar una mercancía capitalista en una herramienta para la predica revolucionaria, la pedagogía marxista y la victoria socialista que la sinergia de un presente preñada de humanidad candente nos reclama.

Valor de uso y valor de cambio, ésta es la cuestión. La construcción (y el éxito) del socialismo internacional consistirá en diferenciar correctamente cuál es el valor de uso de un futuro de libertad aprisionado en la forma mercancía de un presente asediado por la necesidad y el dolor, donde cualquier producto del trabajo humano es arrebatado y fetichizado para la necesaria rotación del capital. Necesitamos saber qué productos humanos nos serán útiles para desarrollar una sociedad sin explotación de clases, en libertad e igualdad, pese a las apariencias embrutecedoras y alienantes que los malvisten en nuestro sistema, y cual es la morralla que deberemos dejar morir en la tumba del capitalismo para no enfermar la sociedad del mañana.

En definitiva, In Time sí es una mercancía que ya ha producido un retorno directo de 117 millones de dólares brutos repartidos entre individuos que mayoritariamente no son ni anticapitalistas ni revolucionarios, pero también es una poderosa herramienta que debemos utilizar enérgicamente para despertar a las masas revolucionarias dormidas bajo el soma13 capitalista global, suministrado en muchas ocasiones sí, entre otros, por Hollywood14. La explotación capitalista no se evita dejando de ir a ver una película15, sino derrocando el sistema y para este fin, In Time nos puede servir como instrumento para la acumulación de fuerzas.

Decía Marx que un revolucionario debe escuchar la hierba crecer, enfatizando la importancia del desarrollo de los sentidos, la virtud y la sutileza en el aprendizaje de la praxis revolucionaria. In Time es fruto de su contexto histórico. Es una película, una obra de arte, que no se hizo hace diez ni cinco años. Se ha realizado ahora, tras la acumulación de fuerzas de izquierdas en Latinoamérica, después de las revueltas en gran parte del mundo árabe, de las protestas en media Europa y en el corazón del imperio usamericano o de las luchas armadas comunistas en Oriente16. In Time es hija de su tiempo, y los prados de mañana volverán a lucir verdes si sabemos localizar las semillas y regar la esperanza socialista.

¿Seremos capaces de distinguir el canto del mañana en el lodo del presente o lo dejaremos ahogarse, una vez más, junto a la mil veces hundida utopía de lo posible? ¿Sabremos diferenciar la paja del grano?

Ojalá esta vez sí, lleguemos a tiempo.

* Jon Juanma es el pseudónimo de Jon E. Illescas Martínez, licenciado en Bellas Artes e investigador de las Industrias Culturales de la FCM en la UA y la UCM (España).

El artículo fue acabado el día 23 de diciembre de 2011, si bien las estadísticas datan del día 8 de este mes. Es publicable libremente bajo licencia Creative Commons, siempre que se respete la totalidad de todo el texto y la autoría a la par que no haya ánimo de lucro en su reproducción.

Notas:

1. MARX, K. y ENGELS, F. (1994) La ideología alemana. Fuerbach. Contraposición entre la concepción materialista y la idealista. Valencia: Universitat de Valencia [1991, 1846].

2. “El precio del mañana” es la traducción que se le ha dado en algunos países hispanoamericanos.

3. El rodaje de esos decorados se efectuó en Bel Air, Malibu y Century City.

4. MARX, K. (2007) El capital (Libro I, tomo I). Madrid: Akal [1976, 1867].

5. MARX, K. y ENGELS, F. (1999) El manifiesto comunista. Barcelona: Los libros de la frontera [1996,1848].

6. LUKES, Steven (2007), El poder: un enfoque radical. Madrid: Siglo XXI [1974, 1985].

7. Ver: http://www.internalert.com/2011/03/strike-entertainment-is-searching-for-a-film-development-intern-santa-monica-ca-2/

8. La columna contra el filme del columnista del New York Post: http://www.nypost.com/p/entertainment/movies/justin_time_n8O9x6obZzAktqhvI0wQtI?utm_campaign=Post10&utm_source=Post10Alpha

9. Ver en: http://www.rollingstone.com/movies/reviews/in-time-20111027.

10. Lista de periodistas que apoyaron al Partido Republicano y al Partido Demócrata: http://www.msnbc.msn.com/id/19113455/#.TuF6vDixLV0

11. Datos de la recaudación hasta el 6 de diciembre de 2011: http://boxofficemojo.com/movies/?id=now.htm

12. Ver la entrevista en inglés en: http://collider.com/andrew-niccol-in-time-the-host-interview/122279/ .

13. El soma fue un narcótico alucinógeno de la Antigua India, utilizado en diversos ritos religiosos.

14. Pero también por Bollywood, Al Jazzera e incluso en menor medida, pero creciente, por cierta programación de la TV cubana por poner un ejemplo sólo aparentemente chocante.

15. Además que hay muchas formas de verla ;)

16. Me refiero al caso de los naxalitas en la India y a los maoístas que llegaron al poder en Nepal.

FICHA DEL FILM

Película: In time. AKA: Now / I’m.mortal / I’m mortal. Dirección y guion:Andrew Niccol. País: USA. Año: 2011. Duración: 109 min. Género: Acción,ciencia-ficción, thriller. Interpretación: Amanda Seyfried (Sylvia Weis),Justin Timberlake (Will Salas), Cillian Murphy (Raymond Leon), Olivia Wilde (Rachel), Alex Pettyfer (Fortis), Johnny Galecki (Borel), Vincent Kartheiser(Philippe Weis), Matt Bomer (Henry Hamilton), Yaya DaCosta (Greta). Producción: Marc Abraham, Eric Newman y Andrew Niccol. Música: Craig Armstrong. Fotografía: Roger Deakins. Montaje: Zach Staenberg. Diseño de producción: Alex McDowell. Vestuario:Colleen Atwood. Distribuidora: Hispano Foxfilm. Estreno en USA: 28 Octubre 2011.Estreno en España: 2 Diciembre 2011. Fuente: dedona.wordpress.com

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China, una merienda de negros



Dos periodistas occidentales que querían escribir un libro sobre China subieron a 80 aviones, volaron 220.000 kilómetros, visitaron 25 países, atravesaron en coche 15 fronteras peligrosas, y hasta pusieron en peligro sus vidas en 15.000 kilómetros de carreteras. Fueron dos años de trabajo y mucho dinero.

¿Para escribir sobre China hace falta dar la vuelta al mundo? Hace años, no. Hoy sí.

Estos dos periodistas no querían contar lo que tantas veces hemos escuchado, el naciente poder chino, sino querían relatar cómo China está conquistando el mundo. Y la única forma de hacerlo era visitando muchos países donde hay comunidades de chinos.

Las empresas estatales chinas, por ejemplo, llegan a un país y hacen la siguiente oferta: te construimos carreteras, presas, estadios o lo que quieras a cambio nos das tu soja, tu petróleo o tu madera. China pone la financiación (tiene dinero de sobra producto del ahorro de millones de chinos y de su excedente comercial). También aporta mano de obra (plantilla barata, exportable, numerosa, no se queja y es muy productiva).

Eso es lo que han hecho los chinos en Argentina, en Sudán y en Rusia. Esa es una vía de penetración. Otra vía usa el modelo marabunta. Los chinos entran en Egipto, por ejemplo, y empiezan a comerciar casa por casa vendiendo ropa de algodón. Con el tiempo ya tienen una empresa de tamaño mediano, y al final, un almacén donde se compra y vende algodón al por mayor.

Otros chinos vienen a trabajar a ese país (suelen venir del mismo pueblo al correrse la voz), y el chino más antiguo les presta dinero sin que haya por medio un documento. Basta la palabra. Al cabo del tiempo, ya existe una poderosa comunidad china en ese país.

La forma de comerciar y de instalarse de los chinos en el mundo no tiene que ver con la occidental. A los asiáticos no les importa ganar poco dinero por cada cien euros o dólares que invierten. Justo lo contrario que los occidentales. Por eso, los chinos acusan a las empresas occidentales de que si no ven un gran negocio, no invierten. Qué estúpidos estos blancos.

Los chinos son pacientes. Trabajan siete días a la semana. Más de 14 horas al día. No se toman vacaciones. Pero tampoco tienen escrúpulos. En Birmania, en Congo, en las fronteras con Rusia (países visitados por los periodistas), los chinos explotan a los nativos sin ninguna vergüenza.

Y sin esa vergüenza, explotan los recursos naturales. En el norte de Sudán construyen una presa que parece la tumba de Halicarnaso: con la presa de Merowe esperan aprovechar la corriente del Nilo y generar electricidad para miles de personas. ¿Impacto medioambiental? ¿Qué es eso?, se preguntan los chinos que salen en esta foto.

Toda la simpatía que uno pueda tener con los chinos, se esfuman con los capítulos de este libro dedicados a esa forma de explotación de las personas y de la naturaleza. En Birmania, gente de villas muy pobres trabaja en duras condiciones para extraer jade, una piedra preciosa que enloquece a los chinos.

Tras leer este libro, uno ya tiene la perfecta imagen del dragón chino: son 1.300 millones de bocas y estómagos que se están tragando el mundo. Necesitan alimentos, petróleo, productos de consumo… Necesitan sobrevivir. Si pueden devastar un bosque, lo saquean. Si puede contaminar un río, lo ensucian. Si es necesario corromper un gobierno, lo pudren.

Con los materiales que obtienen de esos países, los chinos fabrican cualquier cosa, copian cualquier cosa, exportan cualquier cosa… Y a precios que resultan irresistibles gracias a que su mano de obra es barata. Una ganga. Gracias a ello obtienen ingresos monumentales, ingresos que luego usan para comprar bonos americanos, alemanes o españoles. Son los amos del mundo, y el mundo se lo agradece.

Juan Pablo Cardenal y Heriberto Araújo (en la foto de arriba, Araújo a la izquierda, y Cardenal, a la derecha), son los periodistas españoles que han reunido todos esos relatos en un libro inconmensurable llamado ”La silenciosa conquista china” (Crítica). Se podía haber titulado: “Cómo los chinos se meriendan el mundo (y los infelices terrícolas lo celebran porque es un chollo comprar cosas a los chinos)”. A los relatos periodísticos, han añadido una marea de datos sacados de fuentes diversas y sólidas, lo que confiere al libro una seriedad y una amenidad pocas veces vista. Estos periodistas viven en Hong Kong y Pekín desde hace años. Saben de economía, condición imprescindible para escribir un libro de esta magnitud.

El libro está ilustrado con fotografías de Luis de las Alas, donde salen los personajes citados por los periodistas. Chinos con nombre y apellidos, chinos que conquistan el planeta. Que nos meriendan.

“La silenciosa conquista china” debería estar ahora en la mesilla de noche de todos aquellos que quieran tener una visión clara y actual de lo que va a pasar en el mundo.

No he querido hacer esta reseña hasta haber terminado de leerlo. No creo que ningún periodista occidental haya escrito algo parecido. Será muy difícil de batir esta marca: contar cómo conquista China el mundo viajando por 25 países durante dos años. Por eso, creo que es el mejor libro que se ha escrito sobre China. La Información

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9 mar 2010

La cultura del nuevo capitalismo. Entrevista Richard Sennett

Entrevista a Richard Sennett
por Claudio E. Benzecry

24.12.2005
Diario CLARIN, Suplemento de cultura Ñ.

El sociólogo norteamericano Richard Sennett realizó uno de los más lúcidos estudios acerca del impacto de la flexibilización laboral en la formación de la personalidad. Entrevistado en Nueva York, explica por qué el "nuevo capitalismo" desarticuló los lazos sociales, y anticipa la línea de su último ensayo, "La cultura del nuevo capitalismo". Por otra parte, el politólogo argentino Fernando Iglesias polemiza con esa "glorificación calvinista (y nostálgica) del trabajo".
Richard Sennett es uno de los investigadores que ha iluminado de manera más rigurosa la relación entre capitalismo y personalidad. Desde sus primeras investigaciones históricas hasta sus últimos libros, ha utilizado diversos registros —archivos, novelas, entrevistas y la observación— para delinear dos hipótesis que recorren toda su obra: una, que la privatización de la vida pública redunda en una ausencia de espacios donde los extraños puedan encontrarse y reconocerse en sus diferencias; que las formas de la política que de esto resultan están cargadas del código afectivo más propicio para la esfera íntima y culminan en los líderes carismáticos y autoritarios.

Sennett se hizo conocido en Argentina en 2002 con la publicación de La Corrosión del Carácter, un libro en el que el autor discute las consecuencias personales de la flexibilización laboral. Su último libro publicado en Argentina es Respeto, en el que, desde un registro autobiográfico, interroga las posibilidades de interactuar equitativamente y en cooperación en relaciones teñidas por la desigualdad de capacidades y experiencias. En Nueva York, Sennett habló con Ñ.

- —La relación entre capitalismo y personalidad ha sido un núcleo de su obra. ¿Piensa que es aún productivo hacer estas preguntas?

- —Si, de hecho esta pregunta se hace muy urgente por los cambios producidos por y en el capitalismo moderno. Este tiende a ser mucho más individualizado, aislante que en el pasado. Lo que argumento es que este nuevo capitalismo flexible desmonta la arquitectura burocrática que durante muchos años, a veces de manera feliz, otras no tanto, mantuvo a la gente agrupada. En este sentido el nuevo capitalismo es un sistema mucho más individualizante que los sistemas fijos, a gran escala, permanentes, de las grandes burocracias. El problema con la individualización es que el valor individual ha mutado en un asunto de habilidad y movilización de talento. Ya no reside más en el respeto recibido como miembro de una categoría social: el trabajador. El centro del sistema se movió del reconocimiento hacia el auto-desarrollo y la mayor parte de la gente perdió en el cambio. El sistema no tiene suficiente espacio para acomodar a la gente a la que presiona para que sea más habilidosa y más competente.

- —¿Qué tipo de sociedades construye este nuevo capitalismo?

- —Un mundo mucho más polarizado, que se divide entre relaciones sociales a gran escala en derredor del trabajo y relaciones personales, propias del mundo privado. Lo que se pierde son las organizaciones políticas intermedias que pueden mediar. Las ciudades, por ejemplo, se hacen más homogéneas, son más parte del capitalismo que sociedades auto-organizadas. El capitalismo flexible debilitó a los gremios y sindicatos, otro tipo de instancia de mediación institucional. El tipo de sociedades que construimos se erige sobre divisiones absolutas, la abstracción creciente del mundo del trabajo y el mundo que va hacia la intimidad de las relaciones afectivas.

- —Su obra parece moverse de libro a libro; un tema irresuelto en uno parece llevarlo al próximo. ¿A dónde lo ha llevado el hecho de terminar "Respeto"?

- —En dos direcciones. Por un lado, estoy publicando una mirada general sobre el nuevo capitalismo que lleva ese título, la cultura del nuevo capitalismo. Con éste considero que ya he dicho todo lo que tenía que decir sobre este tema, así que vuelvo a uno de mis primeros amores: un proyecto sobre las prácticas culturales materiales, el tipo de asuntos sobre los que escribí un poco en El declive del hombre público. El resultado primero de esto es un libro sobre el artesanado, sobre las relaciones entre las actividades mentales y manuales. Quiero hacer una serie de libros para mostrar el modo en que la cultura aparece expresada en prácticas materiales.

- —En muchos de sus trabajos utiliza su propia práctica artesanal, la música, como metáfora de la interacción social. ¿Cuáles son los límites y las ventajas de esta metáfora?

- —La ventaja es que nos ayuda a comprender cómo existe la cooperación en la desigualdad. La colaboración musical sucede entre gente que no hace lo mismo. El punto es entender, por ejemplo en una orquesta; cómo un gran número de actores individuales que hacen cosas diversas y de diverso valor expresivo tocan juntos. Es en ese sentido que la música se convierte para mí en una campo de investigación sobre la cooperación. El límite es bastante obvio. Que el poder controla a las relaciones sociales de una manera que aparece más morigerada en la música. Las prácticas de control tienen un fin distinto en las artes performativas que en la sociedad en general. Este no es sólo un dilema personal, existe toda una línea de pensamiento que se remonta a Maquiavelo, que piensa de manera dramatúrgica a las acciones sociales y políticas.

- —¿Cómo relaciona a la música con el resto de su práctica intelectual?

- —¡No la relaciono! Las tengo totalmente separadas. No enseño música, escribo sobre ella pero trato de no escribir sobre lo que me gusta tanto. Nunca tuve una relación fácil entre estos dos mundos. Yo nunca entré en una relación como la de Adorno, cuya experiencia de la música estaba influida por su actividad filosófica. Aunque lo que yo experimento con la música ha aparecido de alguna forma u otra en mis investigaciones sobre la vida social, no puedo decir que la sociología me haya convertido en un mejor músico, como sí podría decirse quizá de Adorno.

- —¿Y la escritura de ficción? Sé que ha escrito dos novelas.

- —Escribir no es algo que salga de manera natural, tuve que aprender cómo escribir y esto sale más fácil en la ficción que en el ensayo. Yo quisiera ser recordado como un escritor acerca de las sociedades antes que como un sociólogo y pienso que lo que trato de hacer es crear un lenguaje expresivo, una estética, para entrar a los problemas sociales. La ficción ha sido para mí un laboratorio para encontrar el lenguaje expresivo para el ensayo.

- —¿Se considera un intelectual público? ¿Cuál debería ser el rol de ese tipo de intelectual?

- —No sé qué debería hacer un intelectual público. Sí sé que alguien que escribe debe ser tan informativo como pueda para quien lo lee sin comprometer sus estándares intelectuales. Y que así es como se forma el ámbito público, cuando la gente se quiere comunicar entre sí. Quienes no se quieren comunicar, especialmente con aquellos que no son como ellos, han concluido en sus propios palacios, encierros de la búsqueda intelectual que perpetúan el propio poder. El problema es mayor en los Estados Unidos que en Europa o en América latina, donde existe una larga tradición de diálogo público. Pero en los Estados Unidos la academia tendió a aislarse de la arena pública. Aunque esto por suerte está cambiando. Estoy muy contento de que la idea de la sociología como una forma de expresión, como una forma de literatura, haya cobrado auge entre los jóvenes; que el divorcio entre saber y expresar que era tan fuerte en el momento positivista y que significaba que mucho de lo que escribían los sociólogos era ilegible, ha sido superado. Eso es bueno porque significa que los sociólogos pueden volver a la esfera pública en vez de refugiarse en una práctica intelectual hermética.

- —Desde "El Declive del hombre público" en adelante usted abogó por espacios sin fines específicos donde la gente pudiera desarrollar una sociabilidad pública. ¿Cuáles serían estos espacios hoy?

- —Creo que los que dije entonces aún se mantienen; serían espacios impersonales en vez de locales, mixtos en vez de homogéneos, espacios esencialmente urbanos. El cambio reside en dónde se pueden encontrar estos espacios. Cuando escribí el libro, el tamaño de la mayoría de las ciudades marcaba que el centro urbano sería el lugar de la sociabilidad pública. Con el tipo de ciudades que se están desarrollando hoy en día, la idea de un solo centro como el foco de la vida social se ve eclipsada. Acabo de volver de Shangai, una ciudad de 20 millones de habitantes. No tendría sentido, seria ecológicamente disfuncional intentar concentrar todas las funciones sociales en el centro de ese tipo de ciudad. Al dispersar el centro social, al tener varios de ellos, lo que comienza a suceder —y los chinos lo están entendiendo— es que aparecen estrategias de resistencia a formas de poder altamente centralizadas. Mi respuesta sería: el carácter es el mismo que yo imaginaba, pero dado el crecimiento económico y poblacional, la locación de ese espacio público se ha convertido en múltiple, en vez de unifocal.

- —A pesar de esto ¿aún considera a la vista como el sentido principal para construir una sociedad democrática?

- —El ojo es más importante que la palabra. El ojo es el órgano por el que los extraños se conocen y reconocen y la esencia de una sociedad democrática es que la gente aprende acerca de aquellos a quienes no conoce. Diría que es el sentido más subvalorado, uno no piensa a la democracia en términos visuales, lamentablemente aún no hemos teorizado bien este aspecto. Hice un trabajo bastante pobre al respecto en La Conciencia del Ojo. Me parece una tarea urgente saber qué es lo que aprendemos cuando miramos a gente de la que no sabemos nada y mirando lugares cuando no estamos en casa. Lo visual es un ámbito político que no hemos terminado de comprender.

Richard Sennett. CHICAGO, 1947. SOCIOLOGO.
Nació en uno de los barrios más pobres de Chicago y se destacó en su juventud como solista de cello. Residió en Boston, Londres y Nueva York y realiza investigaciones alrededor del mundo. El historiador y sociólogo Richard Sennett es una de las autoridades mundiales en procesos urbanos, tanto que ha sido convocado recientemente para dirigir un programa conjunto entre el MIT y Harvard (donde estudió) sobre ciudades. Enseña en la New York University y en la London School of Economics. Sus libros recientes han retomado la línea de uno de sus primeros trabajos: "The Hidden Injuries of Class", indagando la relación entre reconocimiento, identidad, trabajo y persona. Recibió en 2004 el premio a la trayectoria de la Asociación Norteamericana de Sociología. DDOOSS

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