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24 sept 2017

El 75% de nuestro ADN es "ADN basura"

Desde que James Watson y Francis Crick, descubrieran en la década de 1950 la famosa estructura de doble hélice, el modelo del ADN que conocemos y manejamos en la actualidad, los científicos han estado debatiendo qué grado del genoma es responsable de hacer que seamos tal y como somos. Continúa leyendo

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Agustine y las demás histéricas del Dr. Charcot

Nos adentraremos en el trabajo de este médico francés, sobre todo en su trabajo fotográfico, siendo él director del Hôpital de La Salpêtrière. Jean Martin Charcot (1825-1893) para muchos es el fundador de la neurología moderna. Continúa leyendo

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7 abr 2017

Lucha a muerte contra la inteligencia animal

[...] No somos los únicos que sienten amor, empatía, comprensión y bondad. Muy al contrario. «Lo que nos hace humanos» -explica el pensador- «es que somos los animales más crueles, y también los más compasivos, los más creativos y los más destructivos del reino animal. Somos los animales más extremistas de todos, esto es lo que nos define y nos separa de todos los demás». Ahora necesitamos ser mucho más inteligentes si queremos sobrevivir a nuestra extrema estupidez. Todas las especies dependen de ello, incluida la nuestra. Continúa leyendo

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19 nov 2016

Hallada una mazorca de maíz de 5.000 años

Gracias a esta mazorca de maíz de 5.000 años, y gracias a su ADN, se puede saber cómo este cereal fue domesticado. Y lo hizo a parir del teosinte, una mala hierba, para convertirse en el cereal más producido en el mundo. Lee más

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1 jun 2014

Pilotar un avión sin licencia de vuelo

Científicos alemanes han diseñado un gorro de piloto con innumerables cables conectados que permite el guiado de un avión con el pensamiento, sin necesidad de tocar en ningún momento ni pedales ni mandos. En el Instituto de Sistemas de Dinámica de Vuelo de la Technische Universität München (TUM), el equipo del profesor Florian Holzapfel investiga las formas en que el vuelo controlado por el cerebro podría convertirse en una realidad.
"Una visión a largo plazo del proyecto es hacer que volar sea accesible a más personas", explica el ingeniero aeroespacial Tim Fricke, quien encabeza el proyecto en TUM. "Con el control del cerebro, volar, en sí mismo, podría ser más fácil. Esto reduciría la carga de trabajo de los pilotos y de esta manera aumentaría la seguridad. Además, los pilotos tendrían más libertad de movimiento para manejar otras tareas manuales en la cabina".
Los científicos ya han tenido éxito en demostrar que el vuelo controlado por el cerebro es realmente posible, con una precisión asombrosa. Siete personas participaron en las pruebas del simulador de vuelo con diferentes niveles de experiencia, incluyendo una sin ninguna experiencia práctica.
La precisión con la que estos pilotos de prueba manejaron los comandos de vuelo con el pensamiento habría sido suficiente, en parte, para cumplir con los requisitos de un examen para obtener licencia de vuelo. "Una de las pruebas era ser capaz de seguir ocho de cada diez destinos con una desviación de sólo 10 grados ", informa Fricke. Varios voluntarios también lograron la aproximación de aterrizaje bajo escasa visibilidad. Uno incluso aterrizó a tan solo unos metros de la línea central.
Los científicos del TU München se centran ahora sobre la cuestión de cómo deben modificar el sistema para adaptarse a los requisitos para el sistema de control y la dinámica de vuelo. Normalmente , los pilotos sienten resistencia en la dirección y deben ejercer una fuerza significativa cuando las cargas inducidas en la aeronave son demasiado grandes. Esta información se pierde cuando se usa el control cerebral. Los investigadores están buscando, por lo tanto, métodos alternativos de retroalimentación para indicar cuándo el avión es sometido a turbulencias, por ejemplo.
A fin de que los seres humanos y las máquinas se comuniquen, las ondas cerebrales de los pilotos se miden utilizando electrodos de electroencefalografía (EEG ) conectados a un gorro. Un algoritmo desarrollado por científicos del Instituto de Tecnología de Berlín permite al programa descifrar los impulsos eléctricos y convertirlos en comandos de control útiles.

Solo los impulsos cerebrales eléctricos muy claramente definidos necesarios para el control son reconocidos por la interfaz cerebro- ordenador. "Se trata del procesamiento de la señal pura", enfatiza Fricke. La lectura de la mente no es posible. Los investigadores presentarán sus resultados a finales de septiembre en el congreso Deutscher Luft-und Raumfahrtkongress. Fuente: ABC

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3 dic 2012

La máquina de la verdad


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20 jun 2012

Alan Turing, el padre de la computadora

Como muchos científicos de todas las épocas era distraído, obsesivo y excéntrico, pero a diferencia de la mayoría de sus colegas del siglo XX su vida terminó en medio de la ignominia y el ostracismo. Padre de la computadora, decodificador de los secretos militares alemanes durante la segunda guerra mundial, en sus 42 años de vida Alan Turing abrió campos insospechados como la combinatoria de matemáticas y biología que derivó en sus hallazgos en morfogénesis.

A 100 años de su nacimiento, los homenajes que está recibiendo tienen muchísimo de reconocimiento y un poco de embarazosa reparación histórica. En 2009, el entonces primer ministro laborista Gordon Brown pidió disculpas públicas por la manera en que había sido tratado en su época, pero la petición dos años más tarde para que su condena fuera revocada post-morten no tuvo el mismo éxito. Lord Mc Nally, secretario de justicia, señaló que no podía hacerlo porque había sido condenado por homosexualidad, conducta que era considerada un delito en la Inglaterra de los 50.

Hace rato que su figura ha trascendido estos vaivenes de la política oficial. Como parte de su centenario hay eventos organizados desde Estados Unidos hasta Filipinas para un hombre que los británicos eligieron entre los 21 más grandes de una historia pródiga de nombres ilustres y que la revista Time clasificó entre las 100 figuras más importantes del siglo XX.

El Museo de la Ciencia de Londres inaugura este jueves una celebración de su vida y su legado con una exposición de los principales hitos de su carrera y la muestra más exhaustiva organizada hasta el momentos de los aparatos que inventó. Como señaló el director de relaciones exteriores de Google Peter Barron, en la inauguración de la muestra para la prensa este miércoles, “está claro que, si uno considera el papel que juegan las computadoras en nuestra vida, las invenciones de Turing forman parte de los más importantes hallazgos científicos del siglo XX”

El niño prodigio

Turing tuvo mucho de niño prodigio. Aprendió a leer solo y a los seis años maravillaba a sus maestros. A los 16 lidiaba con Einstein y resolvía complejísimos problemas matemáticos. Su interés por la ciencia fue tal que en la famosa escuela independiente de Shernbourne, acostumbrada a evaluar a sus alumnos por el manejo de los clásicos, le recomendaron que procurara “educarse” porque si lo que quería era ser un “especialista científico” estaba perdiendo el tiempo.

Turing no volvió a perder el tiempo. En el Kings College de Cambridge se convirtió en profesor de Matemáticas a los 22 años. En las dos décadas que siguieron fue abriendo y conquistando territorios, recorrido maravillosamente capturado por la exposición del Museo de la Ciencia. En 1936 sentó las bases teóricas de la computadora con su estudio de los números computables y la creación de un cerebro electrónico. En 1945 diseñó el aparato mismo con todas sus especificidades. La computadora sería completada en 1950 y durante unos años sería la más rápida del planeta.

En la exposición del Museo de la Ciencia la computadora tiene el aspecto de una gigantesca centralita telefónica de hace décadas. Como comentó a este periódico el curador de la muestra, David Rooney, es igual a las computadoras de hoy en día, pero a gran escala. “Lo que hemos hecho es miniaturizar cada vez más esta creación agregándole potencia, pero el mecanismo es el mismo”, dijo Rooney.

Como no podía ser de otra manera entre la teoría y la práctica de la computación, entre esos años clave de la historia mundial que fueron 1936 y 1945, Turing no se quedó quieto. En 1938 fue reclutado por los servicios secretos británicos para formar parte de un grupo de matemáticos que debía descifrar los códigos secretos de los nazis. Turing decodificó la máquina encriptadora de los alemanes, llamada Enigma, que neutralizó con la que él diseñó, Bombe, clave para acelerar la victoria de los aliados anticipando ataques y posiciones militares germanas.

Entre 1952 y 1954 Turing abrió otro campo, el de la morfogénesis, con su pionera combinación de matemáticas y biología para estudiar la creación de las formas. Esto permitió recientemente confirmar de forma experimental algunos patrones biológicos como las rayas del tigre o las manchas del leopardo. Pero para ese entonces su vida científica ya estaba bajo la sombra de su vida personal.

Muerte por arsénico

En enero de 1952 Turing conoció a Arnold Murray. Unas semanas después Murray lo visitó en su casa y le facilitó el acceso a un cómplice suyo para robarle. La investigación policial que siguió a la denuncia que hizo Turing terminó con el científico reconociendo su homosexualidad, delito en una Inglaterra que no había cambiado mucho desde que habían condenado a Oscar Wilde por “indencencia grave y perversión sexual”, los mismos cargos que enfrentó Turing.

La justicia le dio a elegir entre la prisión y un tratamiento con estrógeno, concebido tres años antes en uno de los tantos extravíos que ha tenido la ciencia, por el neurocientífico Frederick Golla. Turing eligió el estrógeno. Dos años más tarde, se inclinaría por otra sustancia más letal: el arsénico. La empleada de la limpieza lo encontró muerto el 8 de junio de 1954. Durante mucho tiempo se especuló con que la manzana que estaba a su lado había sido rociada con arsénico en honor a su película favorita, “Blancanieves y los siete enanitos”.

En la muestra del Museo de la Ciencia se encuentra el certificado de post mortem que, según indicó al ABC el curador de la muestra, descarta esa versión colorida. “En el cuerpo había suficiente arsénico como para llenar un vaso de vino. Una manzana jamás hubiera podido absorber esa cantidad de arsénico. Como científico sabía lo que estaba tomando. La manzana era una manera de sacarse el mal gusto del arsénico”, señaló Rooney. Fuente: ABC

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30 dic 2010

Isaac Asimov. Su visión de futuro

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24 mar 2010

Los objetos fractales, entrevista a Benoit Mandelbrot

Benoît Mandelbrot saltó a la fama matemática cuando descubrió las propiedades de los fractales. Gracias al auge de los ordenadores, supo transformar un juguete procedente de la matemática pura en una herramienta de comprensión y desarrollo.

Eduard Punset:

Cuando yo era joven, Maurice Thorez, secretario general del Partido Comunista francés, dijo: «Hay que ponerse por delante de las masas, pero no demasiado adelante, o uno se arriesga a acabar solo y gesticulando». Y, aunque usted es muy distinto a Maurice Thorez, tengo la sensación de que, quizá, a lo largo de su vida se ha encontrado algunas veces solo y gesticulando ante todos los demás.

Benoît Mandelbrot:

Sin duda. A veces he estado por delante un año, cinco años, diez años, ¡cuarenta años! Y mucha gente habría perdido el interés, pero yo persistí.

EP:

Persistió porque tenía esta extraña obsesión, permítame que la llame así. A todo el mundo le interesaba la suavidad, la geometría clásica. Pero, desde el principio, usted investigó la rugosidad y la fragmentación e intentó explicar cuál es la teoría que se esconde tras la rugosidad. Eso era extraño. ¿Cómo se le ocurrió?

BM:

De hecho, tardé mucho tiempo en darme cuenta de lo que estaba haciendo. La mayoría de personas empiezan con un objetivo muy claro en su vida, lo validan y prosiguen, aprenden y lo desarrollan. Yo empecé combinando dos ideas muy peligrosas: en primer lugar, de joven, me fascinaba totalmente la geometría, la forma de las cosas, en una época en la que las matemáticas se estaban volviendo muy abstractas y algebraicas. En segundo lugar, yo tenía una pasión, una obsesión con Kepler. ¿Y por qué Kepler? Kepler no fue un científico tan capital como Newton, pero Kepler fue el primero que logró algo extraordinario: partir de un juguete y obtener una herramienta. El juguete era la elipse, una forma matemática con la que habían jugado los griegos en la antigüedad sin ningún objetivo concreto. Pero ese juguete se convirtió en una herramienta para crear la ciencia de la astronomía, para explicar el movimiento de los planetas, y describirlo todo en términos matemáticos. Eso me fascinó desde el principio. Y fui ciertamente temerario, empecé sin una idea clara de hasta dónde quería llegar. En un primer momento, no hice nada sensacional sino que empecé con pequeñas cosas que me interesaban y, casi por arrastre, me vi abocado al estudio de la rugosidad. En realidad, la descripción completa de este objetivo no llegó hasta más tarde, cuando era bastante mayor. ¡Tenía más de setenta años!

EP:

¿Ah, sí?

BM:

Durante mucho tiempo, le di a mi trabajo solamente nombres parciales, aplicables a una parte u otra de mi trabajo. De algún modo, descubrí mi objetivo a posteriori, exactamente lo contrario que un líder político que debe tener un objetivo claro para empezar, y luego cumplirlo.

El origen de la palabra “fractal”

EP:

Es cierto. ¿Y cómo se le ocurrió el nombre de «fractal»?

BM:

Por motivos eminentemente prácticos. Uno de los acontecimientos más importantes de mi vida sucedió en 1973, cuando me invitaron a dar una conferencia en el Collège de France, en París. Yo hice el doctorado en París y un tío mío era un matemático muy conocido que trabajaba como profesor en el Collège de France. Mi tío tenía muchísimo miedo del nepotismo, así que mientras ejerció de profesor nunca permitió que sus colegas me invitaran. Pero en cuanto murió, sus colegas me invitaron a dar una conferencia. Y yo estaba sometido a una presión extraordinaria, porque solamente tenía una hora para explicar lo que había estado haciendo durante los veinte años que habían pasado desde que había abandonado Francia. Trabajé muy duro, y creo que no lo hice tan mal (de hecho mi conferencia apareció en el periódico, reseñada por un hombre muy famoso de la época) y luego escribí un libro sobre ello. Y necesitaba un título. Había hecho un trabajo que podía describir y explicar, pero no tenía título. Y un libro sin título no funciona…

EP:

No, no vende.

BM:

Así que me puse a buscar una palabra bonita de raíz latina para designarlo y cogí un diccionario de latín de mi hijo que había en casa y me puse a buscar «fractura», «fracción» etcétera, y me percaté de que todas esas palabras proceden del adjetivo latino «fractus, fracta, fractum» que hacían referencia a aquello en lo que se convierte una piedra al lanzarla: piezas irregulares. ¡Eureka! Ahí estaba el término que necesitaba. Además, es una palabra que funcionaba muy bien en francés y en inglés. Y así fue como el libro que carecía de título pasó a llamarse Les objets fractals, y más tarde se tradujo a muchos idiomas. Y el término «fractal» cuajó muy bien. Varias de las palabras que había propuesto no fueron aceptadas, pero «fractal» sí lo fue, sin duda.

EP:

¿Sería correcto definir la ciencia que constituye el objeto de su investigación como un intento de buscar los principios rigurosos que subyacen a la rugosidad y las fracturas?

BM:

Sí, y eso sucedió porque yo iba por libre: analizaba temas que nadie más estaba estudiando. Hasta entonces, la ciencia se había ocupado de todos los problemas en los que las estructuras eran principalmente suaves y regulares. Y yo quería estudiar los fenómenos extraños que nadie estaba estudiando, así que por necesidad me encontré con los remanentes de lo que mis colegas y predecesores habían escogido como temas. Porque el científico no estudia la naturaleza tal y como es, sino que debe elegir, seleccionar algunos problemas. Y todo lo relacionado con la suavidad ya estaba cubierto. Pero con la rugosidad, estaba solo.

Los artistas ya trabajaban la fractalidad

EP:

Solo, sí; con la excepción de los artistas, que ya habían pensado en ello. Nunca lo habían explicado, pero lo habían abordado. ¿No?

BM:

Sin duda. Esta es una de las maravillas de la historia hipotética. Así que remontémonos muy atrás en la historia hipotética: imaginemos a un hombre o mujer primitivos. ¿Cuántas formas suaves veían? Muy pocas: la luna llena, el ojo, la pupila, el iris, algunos alimentos esféricos. Pero muy, muy pocas formas eran así. Todo lo demás era rugoso. ¿Y qué hicieron las matemáticas? Empezaron por las formas simples y desarrollaron una geometría y posteriormente una ciencia detallada. ¿Y qué pasó con las rugosidades? Pues que quedaron en manos de los artistas.

EP:

Es cierto…

BM:

Algunos artistas tenían una fuerte sensibilidad hacia lo rugoso y fragmentado, pero al principio yo no lo sabía, ¡nadie lo sabía! Solamente después de desarrollar la geometría fractal se me ocurrió que Hokusai, el genial pintor japonés del período Edo, tenía una visión extremadamente geométrica. En sus dibujos, siempre aparece alguna forma clásica (el monte Fuji, que es muy suave y casi un cono) varias cosas simples, y todo lo demás es muy abrupto. Sin saberlo, simplemente por motivos estéticos, Hokusai pintaba fractales. Delacroix, también era consciente de ello, pero no en sus cuadros. Una vez, cuando aconsejaba a un joven pintor que le había preguntado cómo se dibujaba un árbol, Delacroix dijo: «un árbol se compone de árboles pequeños».

EP:

De árboles pequeños…

BM:

Además, si analizamos el arte de cualquier civilización, encontraremos muchos aspectos fractales, incluso en el arte de civilizaciones sin escritura. Me parece que la fractalidad ha sido algo extremadamente natural y que no se puede hablar del «padre de los fractales» porque todo eso sucedió hace tiempo. Yo me considero, quizá, el padre de la geometría fractal, porque fui el que descubrió que las mismas estructuras que los artistas y, a veces, los filósofos habían utilizado durante milenios de un modo inconsciente podían convertirse en herramientas para la comprensión de la ciencia. Y también en herramientas para disfrutar, porque los dibujos de fractales son hermosos.

Una herramienta aplicada en varios campos

EP:

Usted también ha dicho que el brócoli es el fractal más emblemático. ¿Por qué?

BM:

Se trata de un caso que comprendemos bien porque la naturaleza es económica. Sería muy difícil imaginar que la naturaleza incluyera en el ADN distintos códigos para cada rama de un brócoli. En el momento en el que tenemos un sistema con ramas, el ADN ordena crear una rama, una nueva rama y luego, tras un cierto número de fases, se detiene. Lo mismo sucede con el pulmón humano. Incluye ramificaciones, más ramificaciones, muchas veces y luego el código dice: «ahora toca parar y hacerlo diferente» durante unas cuantas fases. Así que no solamente el exterior, con objetos como el brócoli, sino también el interior de nuestro cuerpo estan repletos de fractales. Y es una perspectiva muy útil, porque mis colegas que se especializan en anatomía cooperan con los físicos y han desarrollado conjuntamente una visión del pulmón que explica muchos problemas pulmonares de una manera que supone una promesa de progreso en el futuro.

EP:

Ahora, varias teorías procedentes de disciplinas diferentes han retomado la teoría de la geometría fractal y lo han aplicado a varios campos. Esto les ha permitido construir, por ejemplo, la complejidad de la teoría del caos. ¿Es así?

BM:

Es una herramienta muy importante en la teoría del caos, sí.

EP:

¿Por qué?

BM:

De nuevo, es un caso que comprendemos bien porque la teoría del caos consiste en operaciones repetitivas, estudia fenómenos en los que la misma regla se aplica una y otra vez. Bajo ciertas condiciones, las estructuras que se generan son fractales. Pero estas estructuras no son objetos reales, sino objetos mentales. Por ejemplo, la trayectoria de la Tierra alrededor del sol no es un objeto real, no hay ningún alambre alrededor del sol que delimite esa trayectoria. Las aplicaciones de los fractales a la teoría del caos son de este tipo. Es decir, se utiliza en ese campo porque tanto en esas ecuaciones como en el crecimiento de los árboles hay una repetición del mismo orden de un modo que podemos analizar.

EP:

Con la geometría fractal, ahora podemos medir la rugosidad de las cosas.

BM:

Sí, y también podemos medir la rugosidad en otros contextos. Por ejemplo, en un tema en el que he trabajado en varias ocasiones: los precios en los mercados financieros. Hay una relación muy estrecha entre la rugosidad y los precios bursátiles. Los precios en los mercados competitivos a veces se mueven lentamente, pero de vez en cuando se produce una gran explosión y luego de nuevo se mueven lentamente. Todos los expertos en economía y finanzas deben medirlo, pero las mediciones que se utilizaban eran incorrectas. Yo propuse una manera distinta de medir la rugosidad de los precios. Y una característica que es muy interesante es que esta nueva manera de medirlo es muy similar a la manera de medir la rugosidad meteorológica. ¿Por qué? Pues porque el clima es intermitente, la mayor parte de las veces.

EP:

Al principio, el ser humano veía la rugosidad por todas partes, como usted comentaba antes. Pero luego, con la ciencia, probablemente nos olvidamos un poco de la rugosidad, y ahora estamos volviendo a ella, a la fragmentación, para estudiarlo de un modo científico. Es increíble. ¿Puede ayudarnos a predecir cosas, por ejemplo?

BM:

El futuro lo dirá. Las teorías que ahora se barajan sobre los precios o sobre el clima no nos permiten hacer predicciones. En muchos casos, he estudiado teorías que no permiten predecir, sino entender las diferencias entre la realidad y la teoría. En un sentido más inmediato, en el caso de los precios, lo que mi trabajo permite es evaluar los riesgos.

EP:

Profesor Mandelbrot, ¿cómo es que, a sus 82 años, sigue trabajando tan duro y pensando cosas tan profundas? Usted es muy consciente de que las cosas requieren su tiempo, pero sigue obsesionado con los nuevos inventos, las nuevas ideas…

BM:

Pues no sé por qué. Esto requeriría un autoanálisis de las personalidades de mi madre, y mi esposa, y mis hijos, y toda la gente que me rodea y también de la historia de mi vida, muy complicada. Primero viví en Polonia, luego en Francia, y ahora en los Estados Unidos. De niño, Europa del Este estaba en un estado tan desesperado que la gente de mi edad que nació en Hungría o Polonia estaba preparada para trabajar mucho más duro que la gente de Francia o Gran Bretaña por ejemplo.

EP:

Para sobrevivir.

BM:

Y luego estuve en Francia durante la guerra, que no fue precisamente el mejor momento para estar en Europa. Por otro lado, pude beneficiarme de una educación francesa extraordinaria. Pero Francia nunca podría haberme dado las oportunidades para el tipo de trabajo que quería, así que me fui a Estados Unidos a pasar un verano y decidí quedarme. No fue algo planeado, tampoco una huída forzosa ni una emigración. Pero nos quedamos, y tuve muchísima suerte durante treinta y cinco años porque IBM tenía un laboratorio en el que se llevaban a cabo una gran variedad de actividades, fue uno de los laboratorios más importantes de la historia. Y era único en una cosa, y es que permitía que unas pocas personas hicieran exactamente lo que querían y tuve la suerte de contarme entre ellos. Así que aquí estoy… mi salud me permite continuar, esto es lo que más me gusta, ¡y seguiré haciéndolo mientras pueda!

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15 dic 2009

¿Por qué rompemos nuestras promesas?

La ciencia tiene respuestas para todo. Mientras no nos pongan un chip en la cabeza para controlar nuestras emociones y nuestros más íntimos pensamientos, no está mal investigar.

Científicos de las universidades de Zurich (Suiza) y Constanza (Alemania) han descubierto los mecanismos mentales que subyacen bajo la decisión de romper una promesa, unos patrones de actividad cerebral que pueden incluso predecir si alguien va a romper una promesa o por el contrario, mantendrá su palabra. Los resultados de este estudio fueron publicados este mes en la revista 'Neuron'.

Los autores de este trabajo son el neurocientífico Thomas Baumgartner, y el economista Ernst Fehr, ambos de la Universidad de Zurich, y el también economista Urs Fischbacher, de Constanza.

Su objetivo era conocer los mecanismos cerebrales relacionados con el cumplimiento de las promesas y para ello, llevaron a cabo un experimento de interacción social controlado por un escáner cerebral donde la ruptura de una promesa proporcionaba beneficios monetarios para el incumplidor y para su pareja para la interactuación.

Los resultados de este trabajo demostraron que el incumplimiento de una promesa viene acompañado por un incremento de la actividad cerebral en areas del cerebro que juegan un papel importante en el proceso de la expresión de sentimientos y control de las emociones.

Este patrón de actividad cerebral sugiere que la ruptura de una promesa provoca un conflicto emocional en quien la incumple, debido a que el cerebro se ve obligado a no dar una respuesta honesta.

No obstante, el hallazgo más importante de este trabajo permite a los investigadores mostrar que los patrones cerebrales pueden predecir el comportamiento futuro de los individuos. De hecho, los sujetos que participaron en el experimento manteniendo la promesa y aquellos que las rompieron actúan exactamente igual cuando se realiza la promesa, ambos juran mantener su palabra. Sin embargo, la actividad cerebral en esta etapa delata a los incumplidores.

Según Baumgartner, estos hallazgos indican que la medición de la actividad cerebral podría incluso avisar de las intenciones malévolas de un individuo antes de que cometa un delito o falta, por lo que este descubrimiento podría servir "no sólo para detener a delincuentes, también para prevenir fraudes o planes criminales".

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13 dic 2009

¿A qué velocidad funciona el cerebro?

El cerebro es la computadora de mayor capacidad de almacenamiento de información del mundo (280 trillones de Bytes).
La unidad anatómica y funcional del cerebro es la neurona (célula del sistema nervioso). El cerebro humano pesa menos de 1 y ½ Kilogramomasa, y contiene unas 10.000 millones de neuronas, cada una de ellas establece entre 10.000 y 50.000 contactos con las células vecinas, y pueden recibir hasta 200.000 mensajes.

La actividad del cerebro consiste en procesar miles de millones de impulsos eléctricos (impulsos nerviosos) que viajan a través de las neuronas a una velocidad que alcanzan los 300 Kilómetros sobre hora (Km/h), y cuya frecuencia o número de pulsaciones constituye el elemento variable del mensaje codificado. Pero el impulso nervioso, no puede saltar de una neurona a otra. Para salvar la distancia, la neurona libera un auténtico "mensajero químico", llamado neurotransmisor. Se llaman neurotransmisor o neurohumor a toda sustancia química liberada por cualquier terminación nerviosa que transmite un impulso de una neurona a otra a un músculo o a una glándula. El lugar donde dos neuronas se unen (no físicamente) se llaman sinapsis. Los impulsos nerviosos pasan por la sinapsis en una sola dirección, del axón de una neurona a la dendrita de la otra neurona.

El cerebro es un órgano de enorme complejidad y los procesos bioquímicos que intervienen en su funcionamiento son tan precisos y delicados, que diversas sustancias ingeridas, aspiradas o inyectadas alteran su funcionamiento o lo dañan.

Los biólogos estan están probando muchas sustancias químicas, tales como narcóticos y tranquilizantes, para saber como afectan a los sistemas enzimáticos y otros compuestos químicos del sistema nervioso. Por ejemplo, ¿cómo afectan las drogas a la química cerebral?. Se ha demostrado científicamente que drogas como el CRACK (piedra de pasta de base de coca con bicarbonato de sodio) obliga al cerebro a liberar de inmediato algunos neurotransmisores, sobre todo dopamina, la serotonina y la norepinefrina. Este estímulo exagerado es lo que causa la "euforia" experimentada por el usuario. Como la droga bloquea el retorno de los neurotransmisores a las neuronas para su utilización posterior, el cerebro es finalmente forzado al extremo y ansía el estímulo compensatorio, es decir se produce un trastorno de la química cerebral.

El efecto de la cocaína o crack en el cerebro ha sido comparado con el retiro excesivo de fondos bancarios más allá de la cantidad disponible, para gastarlos caprichosamente. El conocimiento de la Química Cerebral es importante para entender ¿cómo funciona el cerebro? y poder explicar ciertas enfermedades mentales que aparentemente no tienen cura. Actualmente se está estudiando la posibilidad de tratar con buen éxito algunas enfermedades mentales con sustancias químicas.

Prof. Carlos R. Salas C.
http://quimicayciencias.cjb.net

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