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10 feb 2017

Singapur: de país más caro al más inteligente

Cuando nació, era una pequeña isla con pocos recursos naturales recién independizada del dominio británico.
Pero, con el paso de las décadas, acabó transformándose y reinventándose hasta convertirse en un milagro económico y en un modelo global de éxito y de innovación. Continúa leyendo

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6 feb 2017

Lo que une a los Rothschild y a los Rockefeller

Rothschild y Rockefeller son dos apellidos que se asocian casi instintivamente con dinero y son dos dinastías que han dado de qué hablar por décadas en Europa y en Estados Unidos. Esta semana volvieron a estar en los titulares al anunciar que unirán sus fuerzas. Continúa leyendo

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18 dic 2016

La economía colaborativa en España en expansión gracias a las redes sociales

Uno de cada tres internautas españoles utiliza plataformas de economía colaborativa, según una encuesta realizada por la CNMC. Los servicios más demandados son los relacionados con el mercado de segunda mano y el alojamiento entre particulares. Los usuarios buscan sobre todo mejores precios y servicios flexibles. La satisfacción es más elevada en el uso de vehículos y viviendas compartidas, así como en el mercado de segunda mano. Lee más

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12 nov 2016

¿Qué es el TTIP?

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5 nov 2016

Neoliberalismo: soledad y desmoronamiento social

¿Qué mayor acusación a un sistema puede haber que una epidemia de enfermedades mentales? Sin embargo, las plagas de ansiedad, estrés, depresión, fobia social, trastornos de la alimentación, la auto-lesión y la soledad, ahora golpean a la gente en todo el mundo. Las últimas cifras de la salud mental de los niños en Inglaterra son catastróficas y reflejan una crisis global. Lee más

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19 sept 2014

Los megarricos que huyen y los visados ganga

Lloran y también emigran. Durante la última década, millonarios de todo el planeta han abandonado en masa sus países huyendo del fisco, de la mugre y de la violencia. Los "visados-ganga" de Rajoy no han logrado atraerlos hasta España. Gran Bretaña y Singapur son sus destinos favoritos. 

A finales de 2012, François Hollande arremetió agriamente contra Gerard Depardieu acusándolo de mezquino, insolidario y desertor fiscal. El actor era el más visible de los pudientes galos que habían decidido darse a la fuga para zafarse de las nuevas políticas impositivas del gobierno de Hollande. Pero lo cierto es que su caso no era ni de lejos anecdótico. De acuerdo al último informe anual del New World Wealth, más de 260.000 millonarios han abandonado sus mansiones oficiales durante la última década en pos de una vida mejor. 

Al igual que Depardieu, buena parte de ellos se han echado los baúles Gucci a las espaldas acuciados por las “despiadadas” políticas fiscales de sus países de origen. Otros, como los “megaricos” mexicanos, dicen huir de la violencia y de la mugre. En España han recalado cuatro gatos, pese a que el Gobierno de Rajoy lleva ya varios años voceando “visas de oro” de saldo en el mercado de los permisos VIP de residencia.

El detallado análisis demográfico de los movimientos de este privilegiado grupo de población indica, por un lado, que se trata de un fenómeno global. Y por otro, que afecta a un porcentaje muy significativo del total de gente acaudalada. ¿A dónde se dirigen de manera preferente los nómadas del capital? Durante el periodo comprendido entre 2003 y 2013, los países que han recibido un mayor número de millonarios son, de más a menos, el Reino Unido (114.000), Singapur (45.000), Estados Unidos (42.000), Australia (22.200), Hong Kong (19.700), Canadá (13.600) y los Emiratos Árabes Unidos (10.100). 

El país que ha sufrido una sangría más significativa de su población pudiente es China, que ha perdido a 76.200. Le siguen la India (43.400), Francia (31.700), Italia (18.600), Rusia (14.000) y Suiza (10.600).

En definitiva, sabíamos que lloraban y ahora hemos descubierto que también emigran en masa. ¿Qué es lo que les alienta a echarse sus baúles de La Prune a las espaldas y a salir volando en Gulfstream? Buena parte de estos desertores europeos son exiliados fiscales a los que les produce sarpullidos renunciar a un pedacito de sus beneficios colosales en el nombre de conceptos tan ampulosamente etéreos como “redistribución de la riqueza” o “bien común”. “Este señor ha desertado en plena lucha contra la recesión”, dijo de Depardieu la ministra de Cultura gala, Aurelie Filipetti. 

Y en efecto, así era. La mayoría de los norteamericanos ricos que han abandonado su país o han renunciado a su nacionalidad en el transcurso de los últimos diez años lo han hecho por idénticos motivos. Se da también la circunstancia de que a muchos millonarios ha dejado ya de compensarles el fijar su residencia en paraísos fiscales. La vigilancia internacional se ha estrechado y aquellos buenos tiempos de la “cuasi” impunidad han pasado a la historia. Puestos a buscar un lugar que los reemplace, Singapur se lleva el gato al agua. Este pequeño estado se halla en disposición de ofrecer ventajosas políticas tributarias en un entorno financiero muy sofisticado y, a diferencia de los paraísos fiscales, no está contaminado por actividades ilegales como el blanqueo de dinero.

Paradójicamente, Estados Unidos es un país tanto emisor como receptor de millonarios. Durante los últimos siete u ocho años, han comenzado a crecer las urbanizaciones “exclusivas” para hispanos en ciudades sureñas como Dallas, San Antonio, El Paso o San Diego. En este caso, y en el de los migrantes procedentes de otras potencias emergentes como Brasil, lo que la gente acaudalada busca es un lugar más socialmente saludable, lejos de la pobreza y sobre todo, de la inseguridad, la extorsión y los secuestros. Sus compatriotas se refieren a ellos como los “migrantes fresa”.

Tal es la magnitud de este flujo migratorio que algunos medios locales de comunicación del sur de los Estados Unidos han comparado esta avalancha con la oleada de exiliados que se produjo en 1910, tras la revolución mexicana. Obviamente, a estos “migrantes fresa” de Nuevo León o Chihuahua no les aguardan los rancheros de Arizona con un rifle de asalto. Para obtener un permiso legal de residencia, basta con que realicen una inversión de entre medio millón y un millón de dólares norteamericanos.

¿Es esta migración global de millonarios un fenómeno coyuntural y efímero? Todo apunta a que no. Dos de cada tres ricos de China -el mayor exportador mundial de potentados- han asegurado en una encuesta reciente que van a abandonar el país tan pronto como se presente la oportunidad. Lo que les mueve, aseguran, es el deseo de proporcionar a sus hijos una educación mejor. Asimismo, muchos dicen huir de la polución y sobre todo, de la inseguridad que les produce haber amasado su fortuna en un país supuestamente comunista. En otras palabras, temen que el marco legal pueda modificarse de un día para otro y desean poner a buen recaudo su dinero. 

Análogas razones han movido a muchos rusos a concentrarse en barrios de la capital británica como el popular Londongrado. El mismo Gobierno que lleva años advirtiendo de los horrores de una eventual invasión de búlgaros y de rumanos pobres ha puesto bajo los pies de los ricos moscovitas una alfombra legal que les ayude a aterrizar en el país y a quedarse para siempre. Derribar los muros de Fortaleza Europa es un proceso burocráticamente sencillo, a condición de que se tenga el dinero necesario para adquirir un visado VIP de residencia. A los oligarcas rusos que se han mudado al Reino Unido viene a costarles un millón de libras. 

Euro arriba o euro abajo, pocos son los Gobiernos europeos que no han puesto sus ciudadanías a la venta, mientras reciben a balazos (de goma) a los parias que se encaraman por las vallas. El Ejecutivo de Rajoy fue uno de los pioneros. Y aun así, sus visados 'exprés' han resultado un fiasco. Menos de un centenar de personas obtuvieron el año pasado el derecho legal a vivir en nuestro país por este medio.

Los llamados “golden visas” plantean una desigualdad estructural en los distintos sistemas jurídicos donde se introduce que consiste, esencialmente, en discriminar positivamente a las personas con recursos a la hora de conceder el derecho a residir en un país. Nada de rellenar documentos en las colas de las comisarías o acreditar detalles insignificantes acerca de los vínculos con el estado español, portugués, belga o británico. El “visado de oro” se obtiene a golpe de talonario. 

En el caso español, son varios los supuestos en los que la gente acaudalada puede conseguir la residencia a través de este atajo: adquirir una vivienda de un valor superior a medio millón de euros, gastar dos millones en deuda pública, invertir un millón en depósitos o acciones o impulsar proyectos empresariales. El visado no incluye el permiso de trabajo, pero tampoco obliga a residir en España. Tan sólo fuerza a visitar el país una vez al año. Además, garantiza la libertad de movimiento en el espacio Schengen, lo que de entrada parecía un reclamo poderoso para muchos ciudadanos de fuera de la eurozona. Sobre el papel, el Gobierno aseguraba que iba a ser un incentivo muy notable de la inversión productiva. En la práctica, sólo ha estimulado la especulación.

"Golden-visa" españoles de saldo

El Gobierno español ha bailado sobre la tumba del principio de igualdad que debería sustentar nuestro marco jurídico sin lograr ninguno de esos beneficios que maquiavélicamente se proponía obtener. Con arreglo a los datos de los registradores de la propiedad, únicamente 81 personas tramitaron el pasado año una de las llamadas 'visas de oro' con el fin de adquirir el derecho a vivir en nuestro país. La mitad de ellos eran de origen ruso y chino. En términos porcentuales, sólo el 4,7% de las compraventas realizadas por extranjeros superaron el importe del medio millón de euros. En 2012, este porcentaje fue del 5,2 por ciento.

Lo que sí se ha incrementado notablemente es el número total de viviendas adquiridas por extranjeros. De hecho, no ha dejado de crecer desde el comienzo de la recesión. En 2013, once de cada cien inmuebles adquiridos fueron a parar a manos de foráneos. En total, los extranjeros compraron 36.600 viviendas. Nunca antes se había registrado una cifra semejante. A juzgar por estas cifras, el colegio de registradores considera que es obvio que la presencia de extranjeros es un factor muy significativo de la dinamización del mercado inmobiliario. 

La crisis no sólo ha incrementado el número de viviendas adquiridas por extranjeros. También ha modificado sustancialmente el perfil del comprador. Antes del desplome de nuestra economía, la mayoría de las viviendas eran compradas por expatriados que se desplazaban a España a trabajar. Ahora, la mayoría son compradas para su disfrute turístico. El notable descenso de los precios ha multiplicado las gangas, y al calor de las oportunidades, han acudido ciudadanos de los países menos afectados por la recesión. Lo que los registradores no han especificado cuántas de estas operaciones tenían una finalidad especulativa.

Por nacionalidades, los británicos siguen siendo los ciudadanos extranjeros que más viviendas compran en España (un 15,1 por ciento del total), seguidos de los franceses, los rusos, los belgas, los alemanes, los suecos, los noruegos, los italianos, los argelinos y los chinos. Por zonas, la demanda de vivienda se concentra en las islas y la Costa Mediterránea.


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2 nov 2012

La noticia más censurada nº14 (Argenpress) ¿Quiénes son el 1% top y cómo se ganan la vida?

Ernesto Carmona (especial para ARGENPRESS.info) El 1 por ciento más rico de Estados Unidos ahora posee más del 40 por ciento de la riqueza y se lleva a casa casi un cuarto de la renta nacional. Evidencias basadas en declaraciones de impuestos indican que esta súper elite del 1 por ciento se compone de ejecutivos no financieros, profesionales de las finanzas, dueños de bufetes de abogados, propietarios inmobiliarios y profesionales médicos. Las ganancias en este nivel crecen en correlación con la desregulación y otros cambios legales que trajeron la crisis financiera. Mientras el 99 por ciento padece las consecuencias directas de la crisis, el 1 por ciento se muda cada vez más lejos de los vecindarios en deterioro, a vivir a enclaves ricos más aislados, según un estudio de Stanford University en 2011. En las protestas en Wall Streets se puso el mayor énfasis en el "99%" versus el 1%". Una respuesta a la pregunta ¿quiénes componen el 1%? y ¿qué hacen para ganarse la vida? fue ofrecida por Mike Konczal, en su artículo “Who Are the 1 Percent and What Do They Do for a Living?”, publicado en Rortybomb, el 17 octubre 2011, y posteriormente validado como “noticia independiente” por el Proyecto Censurado y la Fundación Media Freedom International. Lo más relevante del trabajo de Konczal son los gráficos (en inglés) basados en datos de las declaraciones de impuesto e investigaciones de diferentes autores. Los gráficos de Konczal exponen el tipo de trabajo y el crecimiento de los ingresos de los principales miembros del 1% y aspectos del cambio en la mayor desigualdad del ingreso. El autor concluye que el 60 por ciento de ingresos más alto pertenece a esas profesiones y que bajo la manera en que se estructuran las corporaciones bajo las leyes actuales " un negocio existe sólo para enriquecer a sus accionistas, incluyendo, por supuesto, a los propios altos directivos que se pagan a sí mismos mucho más dinero que el concepto de dividendos generados por las ganancias". Precisamente estos auto-pagos, o bonos, es lo que más molestó a la gente del movimiento Occupy Wall Street, sobre todo porque el 1 por ciento top "hace retiros de riqueza en tiempos de bonanza y luego dejan a los trabajadores y al resto de la economía real la carga de hacer frente a las consecuencias". Hay una buena razón para centrarse en el 1%, en lugar del 10% ó 50%. Los altos pagos que se otorgan a sí mismos los altos ejecutivos corporativos han empequeñecido los salarios de los trabajadores, como una recompensa por participar en prácticas de ingeniería financiera en la sombra. Estos problemas requieren una solución legal y por lo tanto constituyen un reto democrático y un replanteamiento de cómo queremos estructurar nuestra economía, dijo www.mediafreedominternational.org. Los gráficos abordan las ocupaciones del 0,1 por ciento top, que integrarían la porcion superior del 1 por ciento (el 10% del 1%), incluyendo las ganancias de capital: “Todo se reduce a gerentes, ejecutivos y personas que trabajan en las finanzas. Los hallazgos sugieren que los ingresos de los ejecutivos, gerentes, supervisores y profesionales financieros pueden representar el 60 por ciento del aumento en la proporción del ingreso nacional que percibe el percentil superior en la distribución del ingreso entre 1979 y 2005”. Como dato curioso, el autor dice que “por cada deportista de elite que se ganó un lugar en la cima de la pirámide de los ingresos debido a los cambios tecnológicos y al estilo de mercados de trabajo superestrella que se transmiten por todo el mundo, existen dos bebés recién nacidos del sector fondos fiduciarios”. El 1% de gerentes y ejecutivos a menudo se encuentran en el nivel C de empleados, especialmente directores generales. Y sus ganancias frente al trabajador medio se han disparado en los últimos 30 años. Ernesto Carmona es periodista y escritor chileno. Notas y referencias: - Mike Konczal, “Who Are the 1 Percent and What Do They Do for a Living?,” Rortybomb, October 17, 2011, http://rortybomb.wordpress.com/2011/10/14/who-are-the-1-and-what-do-they-do-for-a-living. - http://www.mediafreedominternational.org/2011/11/23/who-are-the-top-1-and-what-do-they-do-for-a-living/ Estudiante investigadora: Nicole Trupiano (Sonoma State University) Evaluador académico: Peter Phillips (Sonoma State University)

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23 ago 2012

La doctrina del shock, Naomi Klein



Una cosa es cierta. Naomi Klein, tras el éxito de No Logo, no se ha quedado mano sobre mano. Se puso nuevamente en ruta, visitando o viviendo por breves períodos en Argentina, Brasil, Sudáfrica, Chile, Bolivia, Irak, Sri Lanka, Tailandia, Líbano, Rusia y, huelga decirlo, EEUU. Desde esos países ha enviado reportajes y en esos países ha entrevistado a economistas y a activistas para periódicos como The Guardian, The Nation o el New York Times. Al propio tiempo, ha acumulado información sobre los cambios operados en el neoliberalismo tras el ataque al World Trade Center neoyorquino del 11 de septiembre de hace ahora seis años. Con el paso del tiempo, sin embargo, ha madurado en ella la convicción de que el capitalismo del siglo XX presentaba robustos elementos de continuidad, pero también de discontinuidad, respecto a los elementos que la ensayística contemporánea llama los gloriosos treinta años, es decir, el período de desarrollo económico y social que siguió a la II Guerra Mundial, que vio surgir en muchos países la presencia reguladora del estado en la economía y en la vida social.

La continuidad venía del Estado de Bienestar, en sus diversas traducciones nacionales, y de una relación de dominación de algunos países fuertes respecto de otros países "débiles", usados precisamente como laboratorios de experimentación de políticas económicas desprejuiciadas que en el potente Norte habrían hallado no pocas resistencias por parte de las fuerzas sindicales y políticas del movimiento obrero y de otros movimientos sociales. Lo difícil, en cambio, era perfilar las discontinuidades. Y son precisamente las discontinuidades las que centran la atención de Naomi Klein.

La constelación neoliberal

El resultado es un libro que puede leerse como una contrahistoria del neoliberalismo contemporáneo. Su título, Shock doctrine [La doctrina del shock], introduce inmediatamente en la tesis del volumen: las crisis –económicas, sociales o políticas— y las catástrofes ambientales son usadas para introducir unas reformas neoliberales que han llevado a la demolición del Estado de Bienestar.

El libro entra, para empezar, en el corazón de la Guerra Fría. En aquellos años, el futuro premio Nóbel de economía Milton Friedman empieza a urdir su tejido para construir una red intelectual de investigadores favorables al libre mercado. Es un economista brillante, pero sus propuestas a favor de la demolición de la intervención estatal en la sociedad y en la economía resultan demasiado "extremistas" en relación a lo que hacen las empresas y el gobierno de Washington. Con todo y con eso, su centro de investigación recibe financiación de fundaciones privadas y del gobierno. Milton Friedman sostiene ya entonces que las crisis pueden usarse para una "terapia de shock" a favor del libre mercado.

Milton Friedman se convierte en el agit-prop del neoliberalismo, mientras que sus discípulos son enviados por el mundo entero en misión de proselitismo. Sus recetas acabarán convirtiéndose en programas de política económica en Chile, Paraguay, Argentina, Brasil, Guatemala, Venezuela. Hay un pequeño problema. Son programas aplicados con carros blindados en las calles y tortura sistemática en las prisiones, mientras el número de desaparecidos llega a ser tan alto, que ni siquiera los medios de comunicación estadounidenses pueden ignorarlo.

La parte del libro que habla de los años sesenta y setenta cuenta la historia de los golpes de Estado y del uso sistemático de la violencia contra los opositores políticos, y puede parecer un dejà vu de historias sabidas desde hace tiempo. Pero Naomi Klein lo presenta como la primera crisis del neoliberalismo. Chile, Argentina y Paraguay son laboratorios en los que se enriquecen muchas transnacionales estadounidenses, a las que se les permite apropiarse de muchas materias primas y abrir nuevos mercados para sus productos. Una especie de renovada acumulación primitiva deslocalizada fuera de las fronteras nacionales. Por eso vale la pena financiar, de consuno con Washington, el terrorismo de estado chileno, argentino, brasileño y paraguayo. Y es precisamente en ese período que la red intelectual tejida por Friedman se consolida y se extiende al mismo tiempo.

Resulta impresionante el trabajo hecho por Naomi Klein de reconstrucción de las carreras políticas, los vínculos de amistad, las relaciones de negocios de hombres –de Dick Cheney a Donald Rumsfeld, de John Ashcroft a Domingo Cavallo, de Michel Camdessus a Paul Bremen, a Paul Wolfowitz y a la familia Bush— que pasan de un consejo de administración de alguna transnacional a la dirección de un think thank neoliberal, de puestos de responsabilidad en algún gobierno a los despachos del Banco Mundial o del FMI.

La hasta ahora contada es historia conocida fuera de los EEUU. Naomi Klein lo sabe, pero también es consciente de que en los EEUU es historia sabida o desvelada sólo para una minoría de activistas o intelectuales radicales. De aquí su obra de sistematización de las informaciones antes de entrar a contar la segunda ola neoliberal, que tiene, como la primera, un apóstol. Es otro economista, se llama Jefrey Sachs y quiere demostrar que el libre mercado, a diferencia de lo que pareció ser el caso en América Latina, no es incompatible con la democracia. Es un auténtico "evangelista del capitalismo democrático", y ve en el desplome de la Unión Soviética y del socialismo real la mejor oportunidad para conciliar la democracia con las "leyes naturales" del mundo de los negocios. Aconseja –y es escuchado— a la Polonia de Lech Walesa y a la Rusia de Boris Yeltsin una desregulación radical de sus economías. Su receta será un fracaso, pero en ese mismo momento su "terapia de shock" halla un valioso aliado en un FMI ya definitivamente depurado de economistas vinculados todavía a las teorías de Lord Maynard Keynes. La deuda será el arma vencedora empleada por los neoliberales, que concederán préstamos sólo a condición de que se desregularice completamente la economía. Es el llamado consenso de Washington, son su corolario de "programas de ajuste estructural". Como en el pasado, las transnacionales se harán de oros, pero Sachs, lo mismo que los demás "evangelistas del libre mercado", sostiene que lo que ahora corresponde es que todas las actividades productivas y los servicios sociales gestionados por el estado sean puestos en almoneda, aun a costa de sacrificar centenares de miles de puestos de trabajo sobre el altar de la competitividad internacional. La pobreza, no dejan de repetir, es un efecto colateral que sin embargo acabará siendo despejado por la mano invisible del mercado.

La "terapia de shock" se nutre ya de estrategias de marketing, propaganda y falsificación de datos, tratando de demostrar que el mercado libre es la única vía para escapar de la decadencia económica y de la pobreza masiva. Pero el consenso tiene que ser conquistado electoralmente, aun si eso puede llegar a ralentizar el ritmo de "reformas".

La política woodoo

Para remover ese obstáculo hay una estrategia bien probada durante la "guerra de la deuda" en América Latina: crear el pánico, para luego presionar a fin de que se adopten "terapias" económicas neoliberales. El Banco Mundial y el FMI se convierten entonces en instituciones supranacionales adaptadas al objetivo de limitar la soberanía popular y privar a los gobiernos nacionales de cualquier autonomía decisional. Los programas económicos son, pues, confeccionados en Washington, pero su aplicación in situ viene garantizada por personal político "fiel a la línea". Nami Klein muestra documentalmente cómo incluso las crisis asiáticas de los años noventa tuvieron como protagonistas al Banco Mundial y al FMI, que orquestaron a sabiendas la crisis financiera a fin de demoler toda presencia estatal en la economía. Y cuando Tailandia, Filipinas, Malasia, Indochina y Corea del Sur capitularon frente al FMI, un "Chicago boy" escribió una columna en el Financial Times parangonando la revolución del libre mercado en Asia con una "segunda caída del Muro de Berlín".

En América Latina la situación es distinta. Las dictaduras se desplomaron una tras otra y subieron al poder muchas coaliciones de centroizquierda. Es la era, afirma Naomi Klein, de la política woodoo, caracterizada por programas electorales keynesianos y sucesivas políticas económicas rígidamente neoliberales.

La embrollado ovillo que Naomi Klein pacientemente deshilvana muestra no tanto un comité de negocios de la burguesía, cuanto un trust de empresas cuyo negocio consiste en el vaciamiento del estado de toda función, incluida la de la guerra. Es el nacimiento del "estado corporativista", según lo define la autora, en donde una restringida elite pasa de una empresa a cargos públicos sin el menor respeto a las normas liberales contra el conflicto de intereses. El "capitalismo de los desastres" no puede sino seguir renovando la inseguridad social. El 11 de septiembre es, desde este punto de vista, un maná para los neoliberales. La "guerra al terror" se convierte así en la retórica tras la que ocultar la venta de la defensa nacional a las empresas privadas y el pleno control del petróleo.

Con la invasión de Afganistán y del Irak, el warfare, es decir, el uso de la guerra para relanzar la economía, se ha elevado a sistema, porque la guerra al terror es una guerra total que no sólo implica al sector militar, sino a la sociedad entera. Iluminador a este respecto resulta el capítulo que la periodista canadiense dedica a Israel, haciendo del desarrollo de la industria high-tech de la seguridad y de la llegada de los hebreos de la Europa del Este tras la caída del Muro de Berlín dos de las claves interpretativas –no las únicas— del paso de una hipótesis de paz con los palestinos al funesto paseo de Ariel Sharon por la explanada de las mezquitas que provocó la segunda Intifada. Los prófugos del Este europeo pudieron substituir la fuerza de trabajo palestina a bajo costo, mientras que las empresas high-tech pudieron ofrecer sus productos al mundo entero, visto que la guerra al terror es la guerra de la civilización occidental contra sus enemigos.

La economía de la catástrofe

Cuando Naomi Klein comienza a analizar los efectos devastadores del huracán Katrina y del Tsunami descubre que las catástrofes son utilizadas por el FMI como misión creep, es decir, expansión indebida de una misión, en este caso de la máquina pública. Los últimos baluartes del estado como garante de la convivencia social son sometidos a ataque. Nueva Orleáns se ha convertido en el laboratorio de esa ulterior privatización del estado. Análogamente, el Tsunami es utilizado para transformar algunas regiones o aun naciones (Sri Lanka, Tailandia y las Maldivas) en clubes de vacación para las elites globales.

Así es narrado el capitalismo de los desastres. Naomi Klein, como ya hiciera en NoLogo, no quiere construir una teoría del desarrollo capitalista. Es una excelente publicista y periodista de investigación que se plantea siempre la pregunta correcta: cómo organizar la resistencia al neoliberalismo. Es verdad que su defensa del estado de Bienestar puede parecer ingenua, pero cuando empieza a enumerar qué hacen y qué proponen los movimientos sociales, el suyo resulta un keynesianismo que abre puertas al autogobierno por parte de los movimientos sociales y a una democracia radical.

Shock doctrine es, pues, un libro ambicioso, porque pretende ofrecer un mapa del "capitalismo de los desastres". Es ciertamente un fresco de la reorganización del capitalismo tras el 11 de septiembre y empieza a identificar sus puntos de fuerza, las empresas líderes que están emergiendo, su vocación global. Pero también identifica sus puntos débiles. Es, pues, un mapa útil de leer, también para prepararse a resistir la próxima ola de terapia de shock que se alimentará con la próxima catástrofe ambiental y con la próxima etapa de la guerra preventiva. O del anunciado e italianísimo recorte de los gastos sociales para contrarrestar la decadencia económica.

Benedetto Vecchi es un crítico cultural italiano que colabora regularmente con el cotidiano comunista italiano Il Manifesto.

Texto: rebelion.org

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Mercados y especulación financiera

De entre todos los conceptos que ahora pululan en todos los debates políticos, y que antes estaban prácticamente reservados para los debates técnicos entre economistas, hay uno de especial interés que conviene ayudar a clarificar: el de los mercados financieros. En efecto, hoy los mercados financieros están en todas partes (televisión, prensa, e incluso en los bares), pero en general todavía hay un amplio desconocimiento acerca de lo que son realmente y cómo funcionan. Por eso he decidido hacer unas breves anotaciones que puedan ayudar a resolver algunas dudas importantes.

¿Qué es un mercado?

En primer lugar conviene recordar que el término mercado hace referencia al espacio, físico o virtual, en el que se encuentran compradores y vendedores de algún bien o servicio. Es decir, existe mercado allí donde se intercambien productos entre dos partes, la que los compra y la que los vende, y por ende cualquier producto tiene su mercado.

Eso significa que si nosotros queremos vender nuestro viejo libro de economía neoclásica, porque ya no nos sirve, lo que tenemos que hacer es ir a un mercado donde podamos encontrar compradores para el mismo. Lógicamente no vamos a ir al banco a venderlo. Lo que hacemos es buscar un mercado de libros de segunda mano. Cuando vamos directamente a la librería de segunda mano lo que estamos haciendo es ir a un mercado, el de los libros de segunda mano, porque sabemos que esa librería actuará de intermediario. La librería se encarga de reunir a compradores y vendedores y tratar de ir realizando transacciones a cambio de una comisión. La librería te compra el libro a 5 euros y lo vende a 7 euros. Actúa como intermediario y como creador de mercado puesto que en sí misma la librería es el mercado. Puede haber muchas más librerías de ese tipo en la misma ciudad, e incluso librerías online, y al negocio completo lo llamamos en abstracto el “mercado de libros de segunda mano”.

La liquidez y el precio en un mercado

Cuanta más participación haya en un mercado mayor capacidad tendremos nosotros para poder comprar y vender nuestros bienes y servicios. Si resulta que hay pocos vendedores y pocos compradores de libros el mercado será lento e ineficiente. Si queremos vender nuestro manual de economía neoclásica y resulta que dentro de los pocos compradores potenciales de libros no hay ninguno al que le interese la economía no podremos realizar la venta. Eso significa que seguiremos esperando un comprador con nuestro libro en la mano. Se dice entonces que el mercado es poco líquido, es decir, que la capacidad de convertir los bienes en dinero constante y sonante es muy reducida. Si por el contrario hubiera muchos vendedores y muchos compradores sería mucho más sencillo encontrar otra persona que quisiera nuestro libro, por lo que quizás en muy poco tiempo obtendríamos el dinero.

Y de la relación entre el número de compradores y el número de vendedores surgen los precios. A partir de la siguiente regla: a mayor demanda, mayor precio (y mayor oferta, menor precio). Si, por ejemplo, vamos con nuestro libro de economía a una librería especializada en física es probable que no encontremos compradores y que el intermediario -sabedor de ello- no quiera comprarnos el libro o nos ofrezca por él un precio muy bajo, digamos de 1 euro. Si en cambio nos dirigimos a una librería especializada en economía entonces allí sí habrá muchos compradores y, por lo tanto, demanda. Si quisiéramos vender nuestro libro directamente a los compradores, éstos competirían entre sí por ofrecer el mejor precio con el que convencernos. Exactamente como en una subasta. Así que el intermediario -sabedor de ello también- nos ofrecerá por nuestro libro un precio mucho más alto, digamos de 5 euros.

Cada mercado tiene sus participantes

En el mercado de libros de segunda mano suelen participar únicamente individuos particulares que desean comprar y vender libros, pero no participan bancos, empresas o agentes económicos más grandes. Eso es porque cada mercado suele tener sus propios tipos de participantes.

El mercado inmobiliario, por ejemplo, hace referencia al espacio donde se encuentran compradores y vendedores de viviendas. Ahí ya no sólo encontramos a particulares sino que también encontramos en ambas partes (la del comprador y vendedor) a los bancos, a grandes empresas o incluso al Estado. Todos esos agentes negocian los precios con los que comprarán y venderán las viviendas.

Y esto es muy importante porque todos esos agentes que no son individuos, y debido a su poderío económico, pueden modificar el mercado con facilidad. Precisamente porque tienen la capacidad económica, ya que manejan grandes sumas de dinero, pueden comprar y vender de forma estratégica, buscando ser favorecidos en las transacciones.

Por ejemplo, los bancos actualmente tienen en España un gran stock de viviendas en venta pero que no consiguen vender. Pero en España también hay gente que quiere comprar viviendas. La clave está en que los precios de oferta y los precios de demanda no coinciden, es decir, que por lo que los compradores están dispuestos a pagar es mucho menor que por lo que los vendedores están dispuestos a vender. Si los bancos bajaran los precios de las viviendas entonces los compradores podrían estar de acuerdo. Los bancos, además, reducen artificialmente la oferta de viviendas al no poner en venta muchas de las viviendas que tienen y creando de esa forma una escasez aparente para mantener los precios altos.

Y esto es crucial. Cuando hay pocos participantes en el mercado (en una de las partes) o un participante es muy poderoso económicamente puede influir mucho en cómo evolucionan las transacciones. Digamos que puede influir en la oferta y en la demanda, y por lo tanto en los precios. Los tres o cuatro bancos más grandes pueden ponerse de acuerdo para no bajar los precios de las viviendas y mantenerse esperando que los compradores se atrevan a ofrecer más, o bien pueden también comprar masivamente casas para elevar artificialmente el precio (ya que sube la demanda).

El mercado de deuda pública

Todos los mercados a los que antes hemos hecho referencia son mercados de bienes físicos. Ahora vamos a adentrarnos en los mercados financieros, es decir, en aquellos en los que se negocian títulos que conllevan compromisos futuros de pago. El más conocido por su radiante actualidad es el mercado de deuda pública.

El mercado de deuda pública es el mercado donde se encuentran por una parte los países que necesitan financiación y, por otra, los inversores que están dispuestos a proporcionarles esa financiación. Ya sabemos que cuando un Estado tiene déficit (menores ingresos que gastos) necesita pedir prestado, y una de las formas para hacerlo es emitiendo títulos de deuda pública. Esos títulos que emite son comprados por inversores que lo que están haciendo en realidad es prestar al Estado ese dinero a cambio de que en un plazo de tiempo determinado el Estado les devuelva ese dinero junto con un porcentaje de intereses. Al porcentaje de intereses se le llama rentabilidad.

Como todos los Estados tienen necesidad de endeudarse el mercado de deuda pública está siempre muy activo, especialmente en tiempos de crisis. Hay mucha oferta (títulos de deuda pública de diferentes países) y mucha demanda (inversores que buscan rentabilidad segura, puesto que se supone que los títulos de deuda pública son los más seguros; si no paga el Estado es que la cosa está verdaderamente mal). Y en este mercado los participantes son fundamentalmente los grandes inversores financieros (banca y fondos de inversión gestionados por ellos), y no ya tanto los particulares (que en cualquier caso pueden participar).

Si nosotros somos el gestor de un fondo de inversión de un banco, es decir, una persona que tiene a su cargo una gran cantidad de dinero que quiere revalorizar, esto es, convertir en más dinero, tendremos que valorar si nos conviene invertir en el mercado de deuda pública. Y si decidimos que sí debemos también decidir qué títulos concretos de deuda pública comprar. Por eso vamos al mercado de deuda pública y vemos qué ofrecen los diferentes países.

El sistema de venta de títulos es por subastas, aunque hay varios tipos de subastas así como también hay varios tipos de títulos y vencimientos (plazos de devolución), así que cada país ofrece un precio por sus títulos de deuda. Los inversores buscan siempre los títulos más baratos porque son los que ofrecen más rentabilidad. Se sigue el siguiente razonamiento: menor precio refleja más inseguridad y mayor rentabilidad. Si el precio es bajo significa que hay pocos compradores y eso significa que la gente no se fía suficiente de que se les devuelva el dinero, por lo que esos compradores exigen una rentabilidad más alta. Si un país, por ejemplo España, ofrece títulos y en la subasta van pocos compradores entonces tendrá que bajar el precio de sus títulos y, por ende, subirá la rentabilidad de los mismos, es decir, pagará más en concepto de intereses por cada título que venda a los inversores.

En realidad cada país está haciendo sus subastas y llamando de esa forma a los inversores. Y los resultados de esas subastas son diferentes según los países, diferencias de las cuales nacen conceptos como el de “prima de riesgo” (que cuantifica la diferencia de rentabilidad ofrecida por los países respecto de Alemania, que es el país con una economía más sólida). Se supone entonces que los precios de los títulos reflejan los fundamentos de la economía o, más concretamente, la capacidad que cada país tiene para devolver el dinero. Pero en realidad no sólo depende de eso.

La especulación en el mercado de deuda pública

Sabemos entonces que por un lado tenemos a la oferta (países) y por otro lado a la demanda (los inversores), que se reúnen en el mercado de deuda pública para negociar. Unos buscan financiación y otros la ofrecen a cambio de un porcentaje en intereses y el compromiso de devolución del dinero prestado. Y como en todo mercado también se puede influir en él para crear unas mejores condiciones que te favorezcan.

Supongamos ahora que soy un inversor. Concretamente soy Jorge Soros, gestor de un fondo de inversión multimillonario. Me levanto por la mañana y miro en las pantallas de mi oficina cómo están los indicadores fundamentales de la economía (crecimiento, inflación, etc.), las noticias de última hora (las declaraciones de los gobiernos, por ejemplo), las subastas de deuda pública programadas para hoy y también los mercados secundarios de deuda pública (que son los lugares donde se compran y venden los títulos de deuda pública por segunda y más veces; como los libros de segunda mano pero en títulos). Entonces planeo mi estrategia.

Como gestiono un fondo multimillonario tengo capacidad para mover el mercado, es decir, mi oferta de compra o venta es tan cuantiosa que es prácticamente la totalidad del mercado. Si decido comprar títulos de deuda pública de España eso incrementará la demanda y eso mandará una señal al resto de inversores: la gente está comprando títulos de España, lo que quiere decir que se fían de ellos y por lo tanto son más seguros. En consecuencia el precio subirá y la rentabilidad caerá. España podrá conseguir dinero más barato (pagará menos en concepto de intereses). Pero claro, ¿para qué yo, Jorge Soros, voy a querer comprar títulos que me den poca rentabilidad? Tengo mejores planes, concretamente imitar la estrategia que un tal George Soros hizo en el Reino Unido en los noventa y que hizo a un país entero ceder ante él (ver aquí).

Lo que hago como inversor es lo siguiente. Voy al mercado secundario de deuda pública y pido prestados muchos bonos, una gran cantidad. Cuando tengo todos esos bonos voy preparando el terreno para el ataque, lo que consigo gracias a la publicación de rumores y exageraciones (“España va mal”, “sus cuentas no salen”, “los planes no funcionan”, “se necesitan más recortes”, etc.) y cuando los tambores de guerra han sonado suficiente… en ese momento vendo masivamente todos los títulos que me han prestado a un precio de 1.000 euros el título. Entonces el resto de inversores que están también mirando sus pantallas ven lo siguiente: noticias de desconfianza en España y un número bestial de venta de títulos de deuda pública. Esos inversores razonan pensando que los inversores están vendiendo títulos de deuda pública porque no se fían, y entonces todos hacen lo mismo. Se produce una estampida con muchas decisiones de venta que hacen bajar los precios. Y cuando los precios han bajado mucho aparezco yo otra vez, Jorge Soros, y los compro masivamente a 200 euros el título.

Consecuencias de todo el proceso: yo vendí los títulos a 1.000 euros y los compré a 200 euros. Como eran prestados también tendré que pagar un poco en concepto de intereses a la hora de devolverlo, pero seguiré ganando. Y la otra consecuencia es que España está bajo ataque permanente y en la próxima subasta que haga los inversores le exigirán mucha mayor rentabilidad porque en teoría el mercado (secundario de títulos) está reflejando que no garantiza bien la devolución de los títulos, es decir, que su política económica debe cambiar para asegurar más confianza. Es entonces cuando llegan los planes de ajuste “impuestos” por los mercados financieros y el ya conocido “chantaje de los mercados“.

Los agentes financieros y las operaciones especulativas

Como nuestro yo del ejemplo, Jorge Soros, está repleto el sistema financiero. Y no es para menos puesto que la única lógica del capital financiero (ese dinero que busca transformarse en más dinero) es ni más ni menos que buscar las oportunidades de mayor rentabilidad y, si es posible, crearlas. Los especuladores son en realidad los propios inversores, no son una figura distinta, ya que su lógica es lo único que cuenta. Y como tales operan como los tiburones: huelen sangre (por ejemplo cualquier noticia real de una economía, tal como las trampas contables de Grecia) y atacan sin piedad extorsionando hasta el límite.

No hay inversores buenos ni inversores malos: son todos inversores operando con sus propias reglas, por supuesto inmorales y antisociales (pues sólo responden ante la rentabilidad). Es un capitalismo de hipercompetencia (leer esto para ver ejemplos y entender la lógica) y sólo los más “listos” ganan. Los mercados financieros no son entes abstractos como nos hacen creer, y tampoco son entidades divinas que nos dicen lo que está bien y lo que está mal. Son simples jugadores de casino aprovechando su inmenso poder para hacer y deshacer la economía mundial, sin atender a las consecuencias.

Durante más de treinta años de hegemonía del neoliberalismo estos agentes (bancos, fondos de inversión, grandes empresas, etc.) han creado las condiciones para explotar mucho más este negocio. Han desregulado los mercados, permitiendo su expansión a todos los niveles y eliminando casi todas las normas que limitaban diferentes prácticas, y han creado productos financieros complejos con los que seguir jugando más y más para seguir respondiendo al mismo objetivo. El ejemplo de Jorge Soros es uno más entre tantas otras formas de manipular un mercado cualquiera. Y las conspiraciones no hacen falta cuando todos los inversores se aprovechan de esas situaciones en las que quien paga al final es el Estado. Fuente: ATTAC

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147 compañías controlan el 40% de la riqueza mundial

Un grupo de teóricos de sistemas complejos del Instituto Federal Suizo de Tecnología de Zurich han concluido, luego de analizar las relaciones entre 43.060 corporaciones transnacionales, que 147 compañías controlan alrededor del 40% de la riqueza mundial.

“En efecto”, dice James B. Glattfelder, director del estudio, “menos del 1% de las compañías fueron capaces de controlar el 40% de toda la red”.

A continuación se encuentran las primeras 10 de las 147 “compañías superconectadas”. Debido a que los datos utilizados fueron del 2007, Merrill Lynch se cotiza como una entidad separada. Fue comprada por el Bank of América en septiembre 2008.

1. Barclays, la compañía de servicios bancarios y financieros con sede en Londres, fundada en 1.690.

2. Capital Group Companies, una organización de gestión de inversión con base en Los Ángeles.

3. Corporación FMR, una corporación de servicios financieros y de fondos de inversión con sede en Boston.

4. AXA, un grupo francés de seguros con base en París, fundado en 1.816.

5. Corporación State Street, una compañía con sede en Boston de servicios financieros que fue fundada en 1.792.

6. JP Morgan Chase, la corporación bancaria con sede en Nueva York.

7. Grupo Legal & General, una empresa de servicios financieros fundada en 1.836 con base en Londres.

8. Grupo The Vanguard, una compañía de gestión de inversión especializada en fondos de inversión con sede en las afueras de Filadelfia.

9. UBS AG, la compañía de servicios finacieros de Suiza con sede en Zurich y Basel.

10. Merrill Lynch, la división de gestión de patrimonios del Banco de América.

Press Tv
Traducción de Ivana Cardinale
Fuente: madrilonia.org

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2 ago 2012

San Bernardino: sistematizador de la economía escolástica

Por Murray N. Rothbard. (Publicado el 29 de enero de 2010)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/3924.
[Este artículo está extraído de Historia del pensamiento económico, vol. 1, El pensamiento económico hasta Adam Smith]

La gran mente y el gran sistematizador de la economía escolástica fue una paradoja entre paradojas: un santo franciscano estricto y ascético que vivió y escribió en medio del sofisticado mundo capitalista de la Toscana de principios del siglo XV. Aunque Santo Tomás de Aquino fue el sistematizador de todos los ámbitos del trabajo intelectual, sus ideas económicas estaban dispersas en fragmentos por todos sus escritos teológicos. San Bernardino de Siena (1380-1444) fue el primer teólogo después de Olivi en escribir una obra completa dedicada sistemáticamente a la economía escolástica. Buena parte de este pensamiento avanzado fue contribución del propio San Bernardino y la muy avanzada teoría de la utilidad subjetiva se copió palabra por palabra del hereje franciscano de dos siglos antes: Pierre de Jean Olivi.

El libro de San Bernardino, escrito como un conjunto de sermones en latín se tituló Sobre los contratos y la usura y se compuso durante los años 1431-1433. El tratado empezaba, lógicamente, con la institución y justificación del sistema de propiedad privada, seguía con el sistema y ética del comercio y continuaba explicando la determinación del valor y el precio en el mercado. Acababa con una larga explicación de la complicada cuestión de la usura.

El capítulo de San Bernardino sobre la propiedad privada no tenía nada remarcable. La propiedad se consideraba artificial y no natural, pero aún así vital para un orden económico eficiente. Sin embargo, una de las grandes contribuciones de San Bernardino fue la más completa y convincente explicación hasta entonces escrita de las funciones del empresario emprendedor. En primer lugar, se daba al mercader un certificado de salud aún más limpio que el que le daba Aquino. Sensatamente, y en contraste con las doctrinas tempranas, San Bernardino apuntaba que el comercio, como todas las demás profesiones, podía practicarse lícitamente o ilícitamente. Todos los oficios, incluyendo el de obispo, ofrecen ocasión para el pecado, difícilmente están limitados al comercio. Más en concreto, los mercaderes pueden realizar diversos tipos de servicios útiles: transportar productos de de regiones y países en los que abundan a donde escasean, conservar y almacenar bienes para que estén disponibles cuando los quieren los consumidores y, como artesanos o emprendedores industriales, transformando las materias primas en productos acabados. En resumen, el empresario puede realizar la útil función social de transportar, distribuir o fabricar bienes.

En su justificación del comercio, San Bernardino termina arreglándoselas para rehabilitar al pequeño comerciante, siempre desdeñado desde la antigua Grecia. Los importadores y mayoristas, apuntaba San Bernardino, compran en grandes cantidades y luego dividen el total vendiéndolo en fardos o cargas a los minoristas, que a su vez venden en pequeñas cantidades a los consumidores.

Con realismo, Bernardino no condena los beneficios; por el contrario, los beneficios son un retorno legítimo para el emprendedor por su labor, gastos y riesgos que asume.

San Bernardino luego inicia su penetrante análisis de la funciones del emprendedor. La capacidad de gestión, constata, es una rara combinación de competencia y eficiencia y por tanto merece una gran compensación. San Bernardino lista cuatro cualidades necesarias para un emprendedor con éxito: eficiencia o diligencia (industria), responsabilidad (solicitudo), trabajo (labores) y asunción de riesgos (pericula). Eficiencia significa para Bernardino estar bien informado de los precios, costes y calidades del producto y ser “sutil” en evaluar los riesgos y las oportunidades de beneficio, lo que, observaba sagazmente Bernardino, “en realidad muy pocos son capaces de hacer”. Responsabilidad significaba estar atento al detalle y también mantener bien las cuentas, algo necesario en los negocios. Los problemas, el trabajo duro e incluso las privaciones personales también son a menudo esenciales. Por todas estas razones y por el riesgo en que incurre, el empresario gana apropiadamente suficiente en sus inversiones exitosas como para mantenerle en el negocio y compensarle por todas sus penurias.

Sobre la determinación del valor, San Bernardino continuó la tradición escolástica clásica, en la que el valor y el precio justo vienen determinados por la estimación común del mercado. El precio fluctuará de acuerdo con la oferta, aumentando si la oferta es escasa y bajando si es abundante. Bernardino también tiene una penetrante explicación de la influencia del coste. El coste del trabajo, la habilidad y el riesgo no afectan directamente la precio, pero afectarán a la oferta de un producto y ceteris paribus (si todo lo demás es igual: una expresión usada por San Bernardino) las cosa que requieren más trabajo o ingenio para producirlas serán más caras y demandarán un mayor precio. Esta idea prefigura el análisis de Jevons y austriaco de la oferta y el coste más de cinco siglos después.

Como en el caso de otros escolásticos, sostenía que la estimación común del mercado era el precio común del mercado (pero no un precio fijado por la libre negociación individual). Se consideraba que el gobierno capaz de fijar un precio común de mercado por normativa obligatoria, pero esta posibilidad, como en el caso de la mayoría de los demás escolásticos, se rechazaba en seguida.

Como hemos dicho, San Bernardino se apropió, palabra a palabra, la notable teoría de la utilidad subjetiva del valor publicada (y previamente abandonada) por el franciscano Pierre de Jean Olivi. La contribución más importante de Bernardino a la teoría del precio justo como precio del mercado fue aplicarla al “salario justo”. Los salarios son el precio de los servicios de trabajo, apuntaba Bernardino, y por tanto el salario justo, o de mercado, vendrá determinado por la demanda y la oferta disponible de trabajo en el mercado. La desigualdad salarial es una función de las diferencias de habilidad, capacidad y formación. Se paga más a un arquitecto que a un cavador de zanjas, explicaba Bernardino, porque el primer trabajo requiere más inteligencia, capacidad y formación, por lo que menos hombre estarán cualificados para la tarea. Los trabajadores especializados son más escasos que los no especializados, por lo que los primeros merecen un salario más alto.

Con una sofisticada explicación del cambio de moneda, Bernardino da su imprimatur a las transacciones que eran la forma dominante en que se cargaban intereses ocultos por una transacción crediticia. Bernardino seguía la opinión tolerante de su maestro, Alejandro Lombardo. En general, las transacciones de cambio eran conversiones de moneda y no préstamos. Además, sólo era un interés cierto y sin riesgo sobre un préstamo, mientras que los tipos de cambio de moneda fluctuaban y eran por tanto impredecibles. Esto era técnicamente cierto, pero generalmente los prestamistas recibían intereses en las transacciones de cambio, pues el mercado de dinero estaba estructurado para favorecer así al prestamista. Bernardino también apuntaba que la conversión de monedas era necesaria por la gran diversidad de divisas y porque lo acuñado en un país no era aceptado en todas partes. Por tanto, los cambistas realizaban una función útil para permitir el comercio exterior, “que es esencial para la vida humana” y transfiriendo fondos de un país a otro sin que hiciera falta el envío real del metal.

San Bernardino de Siena fue una fascinante y paradójica combinación de analista brillante, culto y atento del mercado capitalista de su tiempo, y un santo asceta demacrado que condenaba los males mundanos y las prácticas comerciales. Bernardino nació en 1380, hijo de un alto funcionario de Siena. Su padre, Albertollo degli Albizzeschi, era gobernador del pueblo de Massa por la República de Siena. La madre de Bernardino también pertenecía a una importante familia local. Al ingresar en la estricta orden ascética de los franciscanos observantes, Bernardino fue pronto apreciado como orador viajante convincente y altamente popular, predicando por todo el norte y el centro de Italia. En la década de 1430 Bernardino fue nombrado vicario general de los franciscanos observantes. Durante tres veces en su vida se le ofrecieron a San Bernardino obispados (en Siena, Urbino y Ferrara) y siempre rechazó este honor, pues hubiera tenido que dejar la predicación.

Algunas de las predicaciones antimundanas de Bernardino se preocupaban por problemas de moralidad personal; así, deploraba la práctica de los mercaderes viajeros que estaban fuera de casa largos periodos y se profanaban viviendo en pecado carnal o incluso en sodomía, a la que el santo habitualmente se refería como “obscenidad”. De hecho, en su juventud, Bernardinó golpeó a un hombre que le había hecho proposiciones homosexuales.

Pero la principal contradicción entre el sofisticado analista de los negocios y el denunciante de las prácticas de los negocios reside en su condena de la usura. Rodeado por la cuna de la usura en Toscana, San Bernardino, igual que la mayoría de los escolásticos, encontraba que el realismo desaparecía de pronto a la puerta de la usura. Sobre el asunto de la usura, el brillante análisis y la opinión benigna del santo sobre el libre mercado le fallaba y la condenaba casi histéricamente: la usura era una vil infección, que afectaba a los negocios y la vida social. Aunque otros escolásticos habían considerado seriamente la objeción de que la Iglesia y la sociedad dependían de la usura, a Bernardino no le importaba. No: no podía ser. Todos los que sostenían que la usura era económicamente necesaria estaban cometiendo el pecado de la blasfemia, pues así estaban diciendo que Dios los había obligado a seguir un modo de actuar imposible. Abolamos la imposición de intereses, opinaba Bernardino, y la gente prestará libre y gratuitamente y además ahora se pedía prestado demasiado para fines frívolos y viciosos. La usura, tronaba el santo, destruye la caridad, es una enfermedad contagiosa, mancha las almas de todos en la sociedad, concentra todo el dinero de la ciudad en pocas manos o lo lleva fuera del país y lo que es peor, atrae justamente la ira de Dios sobre la ciudad y llama a los cuatro jinetes del Apocalipsis.

Uno sólo puede sobrecogerse ante la furia de la sinrazón en la que cae este auténtico gran pensador en el asunto de la usura. Despotricando acerca de la audacia del usurero de “vender tiempo”, Bernardino fue más lejos que sus predecesores al insistir en que sólo Jesucristo “sabe el tiempo y la hora. Si por tanto no es nuestro saber el tiempo, mucho menos lo es venderlo”. ¿Es por tanto pecado mortal tener relojes? Bernardino concluye en un ataque de frenesí casi histérico contra el desventurado usurero:

“Por tanto, todos los santos y los ángeles del paraíso gritan contra él [el usurero], diciendo ‘Al infierno, al infierno, al infierno’. También los cielos con sus estrellas gritan diciendo ‘Al fuego, al fuego, al fuego’. Los planetas también claman ‘A las profundidades, a las profundidades, a las profundidades’”.

Y aún así, a pesar de todo esto, San Bernardino añade su gran prestigio al concepto que acabaría echando por tierra la prohibición de la usura: el lucrum cessans. Siguiendo al Ostiense y a una minoría de escolásticos del siglo XIV, Bernardino admite el lucrum cessans; es correcto cargar intereses en un préstamo que serían el rendimiento sacrificado (la oportunidad perdida) de una inversión legítima. Es verdad que Bernardino, como sus predecesores, limitaba el lucrum cessans estrictamente a un préstamo caritativo y rechazaba aplicarlo a los prestamistas profesionales. Pero realizó un importante avance analítico explicando que el lucrum cessans es legítimo porque en esta situación el dinero no es simplemente dinero estéril, sino “capital”. Como explicaba Bernardino, cuando un empresario presta de sus balances lo que hubiera ido a la inversión comercial, “no da el dinero en su aspecto simple, sino que también da su capital”. Más en detalle, escribe que por tanto el dinero “no sólo tiene el carácter de mero dinero o de una mera cosa, sino que también más allá de ello, tiene cierto carácter seminal de algo rentable, a lo que comúnmente llamamos capital. Por tanto, no sólo debe devolverse su valor simple, sino que debe añadirse también un valor adicional”.

En resumen, cuando el dinero funciona como capital ya no es estéril: como capital merece recibir un beneficio.

Hay algo más. En el curso de la larga argumentación contra la usura oculta en varias formas de contratos , la mente brillante de San Bernardino se tambalea, por primera vez en la historia, ante lo que luego se llamaría “preferencia temporal”; el que la gente prefiera los bienes presentes a los futuros (es decir, la posibilidad presente de bienes en el futuro). Pero no consigue advertir su importancia y la descarta. Quedó para el francés Turgot a finales del siglo XVIII y para el gran economista austriaco Eugen von Böhm-Bawerk el descubrimiento del principio en la década de 1880 y por tanto la resolución del antiguo problema de explicar y justificar la existencia y valor del tipo de interés.

Murray N. Rothbard (1926-1995) fue decano de la Escuela Austriaca. Fue economista, historiador de la economía y filósofo político libertario.

Este artículo está extraído de Historia del pensamiento económico, vol. 1, El pensamiento económico hasta Adam Smith.

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Fuente: mises

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George Soros y el fin de la civilización occidental

EFE | Marzo 5 de 2007

El gurú de las finanzas George Soros presagió esta semana en Nueva York "el fin de la civilización occidental" en una entrevista con motivo de la aparición de su último libro, "Tiempos Inciertos".

"¿Qué viene después?, quien sabe. Pero el calentamiento global, la amenaza nuclear, la crisis de los recursos y la guerra contra el terror son peligros que indican que existe una fuerte probabilidad -afirma- de que la civilización occidental se dirige a su fin".

Soros, que descarta que el Islam se convierta en la nueva cultura dominante, dice que "el síntoma" de ese panorama es "el conflicto de Darfur (oeste de Sudan), el primero provocado por el calentamiento global y la lucha feroz por los recursos".

"Lo que ocurre en Darfur es un enfrentamiento entre ganaderos nómadas y agricultores sedentarios que se disputan los recursos de una tierra empobrecida por la desertización. No hay sitio para todos y por eso el conflicto se extiende a Chad", explica.

"Es la primera de lo que llamo las otras guerras que se avecinan y que, aparte de la conocida como guerra contra el terror, amenazan la civilización de Occidente", opina.

Aunque en tono algo menos apocalíptico, esas "otras guerras", la campaña contra el terrorismo, el calentamiento global y la amenaza nuclear son identificados en "Tiempos Inciertos" como los factores que "ponen en peligro nuestra supervivencia".

En clave de testamento ideológico y presentado como "lo mas parecido a unas memorias", el título revela a un autor que a los 75 años le interesa más el pensamiento que las finanzas tras una biografía azarosa en la que ha forjado un imperio económico.

La vida de George Soros es un buen espejo de los dos últimos tercios del siglo XX: sufrió como judío la persecución nazi en su Hungría natal, escapó de ese país por la ocupación soviética y emigró a Estados Unidos, donde gano dinero a raudales.

Y en este país se hizo poderoso.

Soros llegó en 1992 a "tumbar" al Banco de Inglaterra -al vender de manera masiva libras esterlinas y comprar marcos alemanes, lo que devaluó la divisa británica-, y con 7.300 millones de dólares poseía en 2005 la 57 fortuna del globo, según la revista Forbes.

Ese patrimonio lo cimentó sobre todo en su audacia inversora en los mercados internacionales de divisas, y en el de la especulación inmobiliaria en su país de adopción, cuyo futuro inmediato, sin embargo, no le incita al optimismo.

"Estados Unidos está condenado a perder su posición dominante y eso tendrá graves consecuencias para el mundo", escribe en su libro en el que responsabiliza al presidente estadounidense, George W. Bush, de "descarriar" a su país con "la guerra contra el terror".

"La guerra contra el terror ha causado un terrible daño a nuestra reputación en el mundo (...) por lo que ahora hay mucha más gente dispuesta a arriesgar su vida para atacar a los estadounidense de la que había antes del 11-S", dice.

Califica de "inevitable" que la dinámica militar emprendida por Estados Unidos desemboque en una conflagración con Irán, sobre la que advierte que "será un gran desastre".

"Vamos hacia la colisión y la única pregunta por responder es cuánto falta para que se produzca" apunta, tras subrayar que Irán, -al que considera el mayor beneficiado de la guerra de Irak- no abandonará su ambición de acceder a las armas nucleares.

En el texto culpa también a la sociedad norteamericana de "despreocupada"; esto es, de no querer afrontar la realidad.

"Preferimos que nuestros líderes electos nos hagan sentir bien a que nos digan la verdad, preferimos que los medios de comunicación nos entretengan a que nos informen", denuncia.

George Soros, conocido también por sus múltiples proyectos filantrópicos, no renuncia, pese a todas las dificultades que adelanta, a "hacer del mundo un mejor lugar".

"He llegado a pensar que puedo influir en el curso de los acontecimientos porque reúno tres cualidades: creo que tengo cierta comprensión de la Historia, poseo firmes creencias éticas y he ganado mucho dinero", expone.

"Mucha gente tiene uno o dos de esos atributos pero la combinación de los tres resulta poco habitual", recuerda Soros desde su despacho en el trigésimo segundo y último piso del rascacielos de la Séptima Avenida donde tiene la sede su fundación.

Y desde el que se divisa una espectacular panorámica de Central Park, el pulmón verde de Manhattan, la capital financiera y cultural de una civilización que, según el magnate, ha iniciado su agonía. Fuente: caracol

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25 jun 2012

San Bernardino y su filosofía económica

Por Murray N. Rothbard. (Publicado el 29 de enero de 2010)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/3924.

[Este artículo está extraído de Historia del pensamiento económico, vol. 1, El pensamiento económico hasta Adam Smith]

La gran mente y el gran sistematizador de la economía escolástica fue una paradoja entre paradojas: un santo franciscano estricto y ascético que vivió y escribió en medio del sofisticado mundo capitalista de la Toscana de principios del siglo XV. Aunque Santo Tomás de Aquino fue el sistematizador de todos los ámbitos del trabajo intelectual, sus ideas económicas estaban dispersas en fragmentos por todos sus escritos teológicos. San Bernardino de Siena (1380-1444) fue el primer teólogo después de Olivi en escribir una obra completa dedicada sistemáticamente a la economía escolástica. Buena parte de este pensamiento avanzado fue contribución del propio San Bernardino y la muy avanzada teoría de la utilidad subjetiva se copió palabra por palabra del hereje franciscano de dos siglos antes: Pierre de Jean Olivi.

El libro de San Bernardino, escrito como un conjunto de sermones en latín se tituló Sobre los contratos y la usura y se compuso durante los años 1431-1433. El tratado empezaba, lógicamente, con la institución y justificación del sistema de propiedad privada, seguía con el sistema y ética del comercio y continuaba explicando la determinación del valor y el precio en el mercado. Acababa con una larga explicación de la complicada cuestión de la usura.

El capítulo de San Bernardino sobre la propiedad privada no tenía nada remarcable. La propiedad se consideraba artificial y no natural, pero aún así vital para un orden económico eficiente. Sin embargo, una de las grandes contribuciones de San Bernardino fue la más completa y convincente explicación hasta entonces escrita de las funciones del empresario emprendedor. En primer lugar, se daba al mercader un certificado de salud aún más limpio que el que le daba Aquino. Sensatamente, y en contraste con las doctrinas tempranas, San Bernardino apuntaba que el comercio, como todas las demás profesiones, podía practicarse lícitamente o ilícitamente. Todos los oficios, incluyendo el de obispo, ofrecen ocasión para el pecado, difícilmente están limitados al comercio. Más en concreto, los mercaderes pueden realizar diversos tipos de servicios útiles: transportar productos de de regiones y países en los que abundan a donde escasean, conservar y almacenar bienes para que estén disponibles cuando los quieren los consumidores y, como artesanos o emprendedores industriales, transformando las materias primas en productos acabados. En resumen, el empresario puede realizar la útil función social de transportar, distribuir o fabricar bienes.

En su justificación del comercio, San Bernardino termina arreglándoselas para rehabilitar al pequeño comerciante, siempre desdeñado desde la antigua Grecia. Los importadores y mayoristas, apuntaba San Bernardino, compran en grandes cantidades y luego dividen el total vendiéndolo en fardos o cargas a los minoristas, que a su vez venden en pequeñas cantidades a los consumidores.

Con realismo, Bernardino no condena los beneficios; por el contrario, los beneficios son un retorno legítimo para el emprendedor por su labor, gastos y riesgos que asume.

San Bernardino luego inicia su penetrante análisis de la funciones del emprendedor. La capacidad de gestión, constata, es una rara combinación de competencia y eficiencia y por tanto merece una gran compensación. San Bernardino lista cuatro cualidades necesarias para un emprendedor con éxito: eficiencia o diligencia (industria), responsabilidad (solicitudo), trabajo (labores) y asunción de riesgos (pericula). Eficiencia significa para Bernardino estar bien informado de los precios, costes y calidades del producto y ser “sutil” en evaluar los riesgos y las oportunidades de beneficio, lo que, observaba sagazmente Bernardino, “en realidad muy pocos son capaces de hacer”. Responsabilidad significaba estar atento al detalle y también mantener bien las cuentas, algo necesario en los negocios. Los problemas, el trabajo duro e incluso las privaciones personales también son a menudo esenciales. Por todas estas razones y por el riesgo en que incurre, el empresario gana apropiadamente suficiente en sus inversiones exitosas como para mantenerle en el negocio y compensarle por todas sus penurias.

Sobre la determinación del valor, San Bernardino continuó la tradición escolástica clásica, en la que el valor y el precio justo vienen determinados por la estimación común del mercado. El precio fluctuará de acuerdo con la oferta, aumentando si la oferta es escasa y bajando si es abundante. Bernardino también tiene una penetrante explicación de la influencia del coste. El coste del trabajo, la habilidad y el riesgo no afectan directamente la precio, pero afectarán a la oferta de un producto y ceteris paribus (si todo lo demás es igual: una expresión usada por San Bernardino) las cosa que requieren más trabajo o ingenio para producirlas serán más caras y demandarán un mayor precio. Esta idea prefigura el análisis de Jevons y austriaco de la oferta y el coste más de cinco siglos después.

Como en el caso de otros escolásticos, sostenía que la estimación común del mercado era el precio común del mercado (pero no un precio fijado por la libre negociación individual). Se consideraba que el gobierno capaz de fijar un precio común de mercado por normativa obligatoria, pero esta posibilidad, como en el caso de la mayoría de los demás escolásticos, se rechazaba en seguida.

Como hemos dicho, San Bernardino se apropió, palabra a palabra, la notable teoría de la utilidad subjetiva del valor publicada (y previamente abandonada) por el franciscano Pierre de Jean Olivi. La contribución más importante de Bernardino a la teoría del precio justo como precio del mercado fue aplicarla al “salario justo”. Los salarios son el precio de los servicios de trabajo, apuntaba Bernardino, y por tanto el salario justo, o de mercado, vendrá determinado por la demanda y la oferta disponible de trabajo en el mercado. La desigualdad salarial es una función de las diferencias de habilidad, capacidad y formación. Se paga más a un arquitecto que a un cavador de zanjas, explicaba Bernardino, porque el primer trabajo requiere más inteligencia, capacidad y formación, por lo que menos hombre estarán cualificados para la tarea. Los trabajadores especializados son más escasos que los no especializados, por lo que los primeros merecen un salario más alto.

Con una sofisticada explicación del cambio de moneda, Bernardino da su imprimatur a las transacciones que eran la forma dominante en que se cargaban intereses ocultos por una transacción crediticia. Bernardino seguía la opinión tolerante de su maestro, Alejandro Lombardo. En general, las transacciones de cambio eran conversiones de moneda y no préstamos. Además, sólo era un interés cierto y sin riesgo sobre un préstamo, mientras que los tipos de cambio de moneda fluctuaban y eran por tanto impredecibles. Esto era técnicamente cierto, pero generalmente los prestamistas recibían intereses en las transacciones de cambio, pues el mercado de dinero estaba estructurado para favorecer así al prestamista. Bernardino también apuntaba que la conversión de monedas era necesaria por la gran diversidad de divisas y porque lo acuñado en un país no era aceptado en todas partes. Por tanto, los cambistas realizaban una función útil para permitir el comercio exterior, “que es esencial para la vida humana” y transfiriendo fondos de un país a otro sin que hiciera falta el envío real del metal.

San Bernardino de Siena fue una fascinante y paradójica combinación de analista brillante, culto y atento del mercado capitalista de su tiempo, y un santo asceta demacrado que condenaba los males mundanos y las prácticas comerciales. Bernardino nació en 1380, hijo de un alto funcionario de Siena. Su padre, Albertollo degli Albizzeschi, era gobernador del pueblo de Massa por la República de Siena. La madre de Bernardino también pertenecía a una importante familia local. Al ingresar en la estricta orden ascética de los franciscanos observantes, Bernardino fue pronto apreciado como orador viajante convincente y altamente popular, predicando por todo el norte y el centro de Italia. En la década de 1430 Bernardino fue nombrado vicario general de los franciscanos observantes. Durante tres veces en su vida se le ofrecieron a San Bernardino obispados (en Siena, Urbino y Ferrara) y siempre rechazó este honor, pues hubiera tenido que dejar la predicación.

Algunas de las predicaciones antimundanas de Bernardino se preocupaban por problemas de moralidad personal; así, deploraba la práctica de los mercaderes viajeros que estaban fuera de casa largos periodos y se profanaban viviendo en pecado carnal o incluso en sodomía, a la que el santo habitualmente se refería como “obscenidad”. De hecho, en su juventud, Bernardinó golpeó a un hombre que le había hecho proposiciones homosexuales.

Pero la principal contradicción entre el sofisticado analista de los negocios y el denunciante de las prácticas de los negocios reside en su condena de la usura. Rodeado por la cuna de la usura en Toscana, San Bernardino, igual que la mayoría de los escolásticos, encontraba que el realismo desaparecía de pronto a la puerta de la usura. Sobre el asunto de la usura, el brillante análisis y la opinión benigna del santo sobre el libre mercado le fallaba y la condenaba casi histéricamente: la usura era una vil infección, que afectaba a los negocios y la vida social. Aunque otros escolásticos habían considerado seriamente la objeción de que la Iglesia y la sociedad dependían de la usura, a Bernardino no le importaba. No: no podía ser. Todos los que sostenían que la usura era económicamente necesaria estaban cometiendo el pecado de la blasfemia, pues así estaban diciendo que Dios los había obligado a seguir un modo de actuar imposible. Abolamos la imposición de intereses, opinaba Bernardino, y la gente prestará libre y gratuitamente y además ahora se pedía prestado demasiado para fines frívolos y viciosos. La usura, tronaba el santo, destruye la caridad, es una enfermedad contagiosa, mancha las almas de todos en la sociedad, concentra todo el dinero de la ciudad en pocas manos o lo lleva fuera del país y lo que es peor, atrae justamente la ira de Dios sobre la ciudad y llama a los cuatro jinetes del Apocalipsis.

Uno sólo puede sobrecogerse ante la furia de la sinrazón en la que cae este auténtico gran pensador en el asunto de la usura. Despotricando acerca de la audacia del usurero de “vender tiempo”, Bernardino fue más lejos que sus predecesores al insistir en que sólo Jesucristo “sabe el tiempo y la hora. Si por tanto no es nuestro saber el tiempo, mucho menos lo es venderlo”. ¿Es por tanto pecado mortal tener relojes? Bernardino concluye en un ataque de frenesí casi histérico contra el desventurado usurero:

“Por tanto, todos los santos y los ángeles del paraíso gritan contra él [el usurero], diciendo ‘Al infierno, al infierno, al infierno’. También los cielos con sus estrellas gritan diciendo ‘Al fuego, al fuego, al fuego’. Los planetas también claman ‘A las profundidades, a las profundidades, a las profundidades’”.

Y aún así, a pesar de todo esto, San Bernardino añade su gran prestigio al concepto que acabaría echando por tierra la prohibición de la usura: el lucrum cessans. Siguiendo al Ostiense y a una minoría de escolásticos del siglo XIV, Bernardino admite el lucrum cessans; es correcto cargar intereses en un préstamo que serían el rendimiento sacrificado (la oportunidad perdida) de una inversión legítima. Es verdad que Bernardino, como sus predecesores, limitaba el lucrum cessans estrictamente a un préstamo caritativo y rechazaba aplicarlo a los prestamistas profesionales. Pero realizó un importante avance analítico explicando que el lucrum cessans es legítimo porque en esta situación el dinero no es simplemente dinero estéril, sino “capital”. Como explicaba Bernardino, cuando un empresario presta de sus balances lo que hubiera ido a la inversión comercial, “no da el dinero en su aspecto simple, sino que también da su capital”. Más en detalle, escribe que por tanto el dinero “no sólo tiene el carácter de mero dinero o de una mera cosa, sino que también más allá de ello, tiene cierto carácter seminal de algo rentable, a lo que comúnmente llamamos capital. Por tanto, no sólo debe devolverse su valor simple, sino que debe añadirse también un valor adicional”.

En resumen, cuando el dinero funciona como capital ya no es estéril: como capital merece recibir un beneficio.

Hay algo más. En el curso de la larga argumentación contra la usura oculta en varias formas de contratos , la mente brillante de San Bernardino se tambalea, por primera vez en la historia, ante lo que luego se llamaría “preferencia temporal”; el que la gente prefiera los bienes presentes a los futuros (es decir, la posibilidad presente de bienes en el futuro). Pero no consigue advertir su importancia y la descarta. Quedó para el francés Turgot a finales del siglo XVIII y para el gran economista austriaco Eugen von Böhm-Bawerk el descubrimiento del principio en la década de 1880 y por tanto la resolución del antiguo problema de explicar y justificar la existencia y valor del tipo de interés.

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Murray N. Rothbard (1926-1995) fue decano de la Escuela Austriaca. Fue economista, historiador de la economía y filósofo político libertario.

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24 mar 2012

Subvenciones y grandes latifundistas en España

Los alimentos frescos han subido en España un 13,1% en el primer semestre del año. Mientras, algunas grandes fincas agrícolas de personajes famosos reciben subvenciones por no cultivar la tierra.

Millones de euros en subvenciones van a parar cada año al bolsillo de grandes propietarios de tierras en España, sin tener siquiera que cultivar para cobrarlos, mientras el precio de los alimentos se dispara en todo el mundo. Las subvenciones agrícolas llegan a superar a veces los ingresos de explotación de las empresas a través de las que estos grandes propietarios gestionan sus propiedades. En otros casos, supone una parte muy importante de éstos, aunque los ingresos obtenidos por la explotación como coto de caza deja en evidencia el verdadero objeto de alguno de estos grandes latifundios. Aristócratas como la duquesa de Alba, banqueros como la familia Botín, ganaderos como Samuel Flores o familias históricamente ligadas a los grandes latifundios como los Mora-Figueroa cobran estas ayudas. Ahora, la Unión Europea acomete una nueva reforma de estos subsidios, con la enésima reforma de la Política Agraria Común (PAC). Las líneas generales de esta reforma profundizan en la tendencia a desligar los subsidios de la producción, con lo que en un futuro prácticamente no habrá que plantar ningún tipo de cultivo para tener derecho a subvención. Es lo que se ha llamado el desacoplamiento de las ayudas, es decir, que las subvenciones no están ligadas a la producción agrícola. Sigue leyendo en Tiempo de Hoy

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24 ene 2012

7 ene 2012

China, una merienda de negros



Dos periodistas occidentales que querían escribir un libro sobre China subieron a 80 aviones, volaron 220.000 kilómetros, visitaron 25 países, atravesaron en coche 15 fronteras peligrosas, y hasta pusieron en peligro sus vidas en 15.000 kilómetros de carreteras. Fueron dos años de trabajo y mucho dinero.

¿Para escribir sobre China hace falta dar la vuelta al mundo? Hace años, no. Hoy sí.

Estos dos periodistas no querían contar lo que tantas veces hemos escuchado, el naciente poder chino, sino querían relatar cómo China está conquistando el mundo. Y la única forma de hacerlo era visitando muchos países donde hay comunidades de chinos.

Las empresas estatales chinas, por ejemplo, llegan a un país y hacen la siguiente oferta: te construimos carreteras, presas, estadios o lo que quieras a cambio nos das tu soja, tu petróleo o tu madera. China pone la financiación (tiene dinero de sobra producto del ahorro de millones de chinos y de su excedente comercial). También aporta mano de obra (plantilla barata, exportable, numerosa, no se queja y es muy productiva).

Eso es lo que han hecho los chinos en Argentina, en Sudán y en Rusia. Esa es una vía de penetración. Otra vía usa el modelo marabunta. Los chinos entran en Egipto, por ejemplo, y empiezan a comerciar casa por casa vendiendo ropa de algodón. Con el tiempo ya tienen una empresa de tamaño mediano, y al final, un almacén donde se compra y vende algodón al por mayor.

Otros chinos vienen a trabajar a ese país (suelen venir del mismo pueblo al correrse la voz), y el chino más antiguo les presta dinero sin que haya por medio un documento. Basta la palabra. Al cabo del tiempo, ya existe una poderosa comunidad china en ese país.

La forma de comerciar y de instalarse de los chinos en el mundo no tiene que ver con la occidental. A los asiáticos no les importa ganar poco dinero por cada cien euros o dólares que invierten. Justo lo contrario que los occidentales. Por eso, los chinos acusan a las empresas occidentales de que si no ven un gran negocio, no invierten. Qué estúpidos estos blancos.

Los chinos son pacientes. Trabajan siete días a la semana. Más de 14 horas al día. No se toman vacaciones. Pero tampoco tienen escrúpulos. En Birmania, en Congo, en las fronteras con Rusia (países visitados por los periodistas), los chinos explotan a los nativos sin ninguna vergüenza.

Y sin esa vergüenza, explotan los recursos naturales. En el norte de Sudán construyen una presa que parece la tumba de Halicarnaso: con la presa de Merowe esperan aprovechar la corriente del Nilo y generar electricidad para miles de personas. ¿Impacto medioambiental? ¿Qué es eso?, se preguntan los chinos que salen en esta foto.

Toda la simpatía que uno pueda tener con los chinos, se esfuman con los capítulos de este libro dedicados a esa forma de explotación de las personas y de la naturaleza. En Birmania, gente de villas muy pobres trabaja en duras condiciones para extraer jade, una piedra preciosa que enloquece a los chinos.

Tras leer este libro, uno ya tiene la perfecta imagen del dragón chino: son 1.300 millones de bocas y estómagos que se están tragando el mundo. Necesitan alimentos, petróleo, productos de consumo… Necesitan sobrevivir. Si pueden devastar un bosque, lo saquean. Si puede contaminar un río, lo ensucian. Si es necesario corromper un gobierno, lo pudren.

Con los materiales que obtienen de esos países, los chinos fabrican cualquier cosa, copian cualquier cosa, exportan cualquier cosa… Y a precios que resultan irresistibles gracias a que su mano de obra es barata. Una ganga. Gracias a ello obtienen ingresos monumentales, ingresos que luego usan para comprar bonos americanos, alemanes o españoles. Son los amos del mundo, y el mundo se lo agradece.

Juan Pablo Cardenal y Heriberto Araújo (en la foto de arriba, Araújo a la izquierda, y Cardenal, a la derecha), son los periodistas españoles que han reunido todos esos relatos en un libro inconmensurable llamado ”La silenciosa conquista china” (Crítica). Se podía haber titulado: “Cómo los chinos se meriendan el mundo (y los infelices terrícolas lo celebran porque es un chollo comprar cosas a los chinos)”. A los relatos periodísticos, han añadido una marea de datos sacados de fuentes diversas y sólidas, lo que confiere al libro una seriedad y una amenidad pocas veces vista. Estos periodistas viven en Hong Kong y Pekín desde hace años. Saben de economía, condición imprescindible para escribir un libro de esta magnitud.

El libro está ilustrado con fotografías de Luis de las Alas, donde salen los personajes citados por los periodistas. Chinos con nombre y apellidos, chinos que conquistan el planeta. Que nos meriendan.

“La silenciosa conquista china” debería estar ahora en la mesilla de noche de todos aquellos que quieran tener una visión clara y actual de lo que va a pasar en el mundo.

No he querido hacer esta reseña hasta haber terminado de leerlo. No creo que ningún periodista occidental haya escrito algo parecido. Será muy difícil de batir esta marca: contar cómo conquista China el mundo viajando por 25 países durante dos años. Por eso, creo que es el mejor libro que se ha escrito sobre China. La Información

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29 dic 2011

Alemania Oriental hoy

Hoy, 9 de noviembre de 2009, hace 20 años de la caída del muro de Berlín. Una fecha redonda en la historia de la Reunificación alemana que ha sido utilizada para ejemplificar la posibilidad de reconciliación de pueblos divididos. ¿Qué diferencias hay entre la Alemania Oriental y la Occidental 20 años después?

Sin embargo, no todas son luces en esa historia; también hay sombras, sobre todo en el campo económico. Es cierto que el muro físico de Berlín y la frontera interior alemana desaparecieron hace 20 años. Sin embargo, la división psicológica y, sobre todo, la económica siguen marcando una clara línea entre la Alemania oriental y la En EcoDiario.es

Hoy, 9 de noviembre de 2009, hace 20 años de la caída del muro de Berlín. Una fecha redonda en la historia de la Reunificación alemana que ha sido utilizada para ejemplificar la posibilidad de reconciliación de pueblos divididos. ¿Qué diferencias hay entre la Alemania Oriental y la Occidental 20 años después?

Sin embargo, no todas son luces en esa historia; también hay sombras, sobre todo en el campo económico. Es cierto que el muro físico de Berlín y la frontera interior alemana desaparecieron hace 20 años. Sin embargo, la división psicológica y, sobre todo, la económica siguen marcando una clara línea entre la Alemania oriental y la occidental.

Esa división quedó patente en los resultados de las últimas elecciones generales del pasado 27 de septiembre. Unos comicios que ganó la coalición conservadora de la CDU-CSU. En el Este de Alemania también se impuso la derecha, con el 29,5% de los sufragios, pero le siguió muy de cerca el partido de La Izquierda, que obtuvo el 26,4% de los votos.

La Izquierda, partido fundado en 2007, aglutina a socialdemócratas desencantados procedentes del SPD y a miembros del postcomunista PDS, heredero del SED (partido gobernante en la dictadura socialista de la desaparecida República Democrática Alemana).

Es incluso sabido que algunos de los miembros de la dirección de la joven formación fueron colaboradores informales de la Stasi, la temida Policía política de la RDA. Sin embargo, no parece que eso moleste a aquellos de sus votantes que sufrieron la falta de libertades bajo el régimen del SED. Y es que no todo ha sido tan bonito como lo pintó el canciller Helmut Kohl antes de consumarse la Reunificación, creen hoy muchos alemanes orientales que han vivido en ambos sistemas.

Expectativas por cumplir

Una mirada a los datos comparativos entre ambas Alemanias deja patente que ni las perspectivas más optimistas ni las más pesimistas sobre la realidad económica oriental son acertadas. El cuadro es más complejo que esas miradas: deja claro que muchas dimensiones socioeconómicas de la Alemania oriental han mejorado con respecto a 1989, pero también que sus ciudadanos no han visto cumplidas muchas de las expectativas con las que abrazaron la Reunificación.

Así lo demuestra el informe Alemania del Este: mucho conseguido, mucho por hacer, recientemente publicado por el IFO. En él, el economista Joachim Ragnitz compara los principales indicadores económicos de ambas Alemanias. Ragnitz subraya dos puntos positivos en el proceso de reconstrucción oriental: el nivel de bienestar material de los alemanes del Este ha mejorado considerablemente en los últimos veinte años.

De esta forma, han aumentado los salarios, han mejorado las condiciones de las viviendas, así como la variedad y la calidad de productos de consumo existentes en el mercado. También es mejor la situación del medioambiente y de las infraestructuras.
Los datos evidencian las diferencias

Pese a todos esos avances que permiten afirmar que Alemania oriental es la región que más ha avanzado en lo material entre los países postsocialistas del centro y Este de Europa, las diferencias en el campo económico continúan siendo notables. Es el caso del PIB per cápita, que sigue siendo en Alemania oriental más de un 20% menor que en la occidental.

Después de su fuerte crecimiento tras la Reunificación y hasta 1997, el PIB oriental prácticamente no ha variado desde entonces (con un aumento de apenas del 4 por ciento desde el año 2000).

La productividad también deja patente que la economía oriental se mantiene unos cuantos escalones por debajo: está en un 76% con respecto a la capacidad productiva occidental. Ello se refleja, sobre todo, en la escasa presencia de sedes de grandes empresas, lo que tiene como consecuencia una menor orientación exportadora de la economía oriental, cuyas exportaciones sólo suponen un 46 por ciento de las occidentales.

Todos estos factores, que hacen que la economía oriental sea más débil, tienen efectos tanto en los niveles de empleo como en los de la renta disponible: el paro sigue siendo dos veces más alto en el Este, donde hay más de un millón de parados (el 12% de la población activa). Ello, sumado a la buena educación recibida por las nuevas generaciones, está provocando un transvase demográfico continuado del Este al Oeste. En cuanto a la renta disponible, la oriental sigue más de un 20 por ciento por debajo de la occidental, y ello pese al sistema de impuestos redistributivo (el impuesto sobre la renta oriental es casi un 50 por ciento más bajo que el occidental).

Echando la vista atrás, el informe del IFO también recoge que la economía de la RDA se encontraba en 1989 al borde de la insolvencia, así como la rapidez con que se introdujo la economía social de mercado y la privatización de las empresas estatales orientales. Hoy, el Informe Anual del Gobierno federal sobre el estado de la unidad alemana establece como fin igualar el nivel económico de los Estados alemanes orientales con el de los occidentales más pobres antes de 2020. Para derribar ese muro quedan 11 años.

Fuente: eleconomista.es

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