24 nov. 2012

El clan Bush y la Orden de la Calavera y los Huesos

Las acusaciones llueven sobre el ex presidente de los EE.UU. Según varios investigadores, George Bush, como su padre, el ex-presidente son miembros de una sociedad secreta: Skull and Bones (la Orden de la Calavera y los Huesos), algunos de cuyos miembros han sido denunciados por crímenes que van desde el narcotráfico a la conspiración política. ¿Nos encontramos ante exageraciones «conspiranoicas» o ante un poder oculto decidido a hacerse con el control del planeta? Su imagen es conocida en todo el mundo. Para la mayoría, su nombre se asocia a un conservadurismo a ultranza, partidario acérrimo de la pena de muerte. Se trata de George Bush, Jr., calificado de bruto e indocumentado por conocidos intelectuales de su país. En el reciente Festival de Cine de la Mostra de Venecia, el director Robert Altman declaró que si salía elegido como presidente en noviembre él abandonaría los EE UU. Pero lo que pocos conocen es el lado oculto de este hombre. Como su abuelo, el senador Prescott Bush, como su padre George Bush y otros varones de su familia, el candidato pertenece a una sociedad secreta de siniestra fama. Según han denunciado varios investigadores independientes, algunos de sus miembros estarían implicados en una serie de crímenes que van desde el tráfico de drogas al racismo partidario de políticas eugenésicas para reducir drásticamente la población del Tercer Mundo y de las minorías étnicas en EE UU. La profanación de tumbas y cadáveres sólo sería, según estas acusaciones, un elemento ceremonial que ilustra las señas de identidad de dicha sociedad. El 1 de mayo de 1990 la tumba del general Omar Torrijos fue profanada. Unos desconocidos que hablaban con acento extranjero robaron las cenizas de este líder, símbolo de la resistencia ante el poder neocolonial de EE UU. Con el fin de celebrar la reinstauración en el país del poderío norteamericano, estos profanadores sellaron con este ritual la obtención de un nuevo trofeo: las cenizas del general que, según sus partidarios, fue asesinado por la CIA. La operación realizada en Panamá, presuntamente financiada por La Orden de la Calavera y los Huesos, no haría sino continuar una siniestra tradición. Así lo denunciaba NACLA Report on the Americas, una revista política con ninguna afición por el «ocultismo», en su editorial de junio de 1990.

Más de medio siglo antes de que George Bush padre lanzara contra Panamá la Operación «Causa Justa», la Orden a la que pertenecía el presidente ya había hecho lo mismo con el cadáver del revolucionario mexicano Pancho Villa; unos desconocidos abrieron su féretro y le cortaron la cabeza. Se asegura que Skull and Bones, la sociedad secreta formada por la élite de la universidad de Yale, pagó por ella. En mayo de 1918, el senador Prescott Bush -padre del expresidente de EE UU y abuelo de quien compite en estos mismos días por alcanzar el mismo honor- profanó junto con otros miembros de esta sociedad el sepulcro de Gerónimo, el legendario jefe rebelde de los apaches. A mediados de los 80, Ned Anderson, líder de la tribu de San Carlos, reunió documentos, fotografías y otras evidencias sobre esta profanación. Uno de los cómplices de Prescott Bush, Neil Malion, se encargó de «echar ácido sobre la cabeza de Gerónimo, quemando la cabellera y la carne» para que pudiera ser expuesta en sus rituales nocturnos. Esta unión se habría afianzado en el campo de los negocios. Prescott Bush fue quien catapultó a Neil Malion a la dirección de Dresser, donde tendría su primer empleo el ex-presidente George Bush, que bautizó con el nombre de Neil a uno de sus hijos. Ned Anderson consiguió una entrevista con un representante de la Orden, al que solicitó la devolución de los huesos de Gerónimo. Anderson afirma que obtuvo una respuesta afirmativa, aunque no formalmente, transformada en decepción al día siguiente, ya que el interlocutor de la Orden faltó a la cita concertada. El personaje que evadió el compromiso para ganar tiempo y esconder los restos de Gerónimo era Jonathan Bush, hermano del candidato. Entre los alumnos de Yale, promoción tras promoción, corre desde el siglo pasado el rumor de que la forma más rápida y segura de acceder a una carrera de brillante porvenir en los círculos del poder es pertenecer a este «club» privado, que recluta a sus miembros entre los alumnos y los docentes de Yale. Una vez admitido, el nuevo adepto se compromete a no revelar ningún aspecto de sus actividades internas, incluyendo mantener en secreto su pertenencia y negar cualquier vínculo con ella.

El ocultismo de las elites

Fundada en 1832 por William H. Russeli, esta sociedad secreta -que algunos consideran que fue inicialmente la rama americana de la Orden de los Iluminados de Baviera, fundada en 1776- surgió para promocionar a 1os hijos de las elites a puestos de relevancia política, económica y social, con la finalidad de consolidar su influencia en los círculos depoder. Su existencia está tan bien establecida como sus liturgias, aunque los expertos no se ponen de acuerdo sobre su naturaleza. Así, por ejemplo, Massimo Introvigne, director del Instituto de Nuevas Religiones y el más reputado experto en sectas, recoge la existencia de los rituales macabros y la profanación de la tumba de Gerónimo, pero se inclina por creer que sólo se trata de un «satanismo lúdico» de clase alta inspirado en la tradición de la masonería anglosajona. Se trata un fenómeno muy común entre los jóvenes estudiantes norteamericanos que, si bien integra ritos ocultistas, no presenta más riesgos que alguna gamberrada. Aunque reconoce la pertenencia a la misma de políticos destacados, como el ex presidente George Bush y su secretario de estado, George Shultz, cree que el carácter elitista de Skull and Bones ha facilitado que naciera en torno a ella una «literatura complotista» sin fundamento. Sin embargo, no son estos los únicos nombres de «La Orden» asociados al poder. También se ha señalado la pertenencia a esta sociedad de otros altos cargos de la Administración Bush, como James Baker III, también secretario de Estado, y de C. Boyden Gray, implicado en el escándalo Irán-Contra y en las conexiones con esta fuerza irregular nicaragüense sublevada contra el gobierno sandinista en los 80. Tampoco parece que estos estrechos vínculos con el poder sean una novedad. El fundador, William H. Russell, fue secretario de Guerra de la Administración Grant. William Taft, hijo de otro de los líderes pioneros de «La Orden», Alphonse Taft, fue el único presidente de EE UU que, además, ocupó el cargo de presidente de la Corte Suprema. George Bush Senior también fue el primer presidente que antes fue director de la poderosa CIA. Todo apunta a que esta sociedad representa una facción de las familias patricias norteamericanas asociadas a la cúpula del poder, cuyo liderazgo se perpetúa hereditariamente. Entre sus miembros se encuentran la veintena de apellidos de mayor pedigrí en el campo de las finanzas y la industria del Este de EE UU, según la lista de miembros publicada -por el historiador Anthony Sutton. Para sus críticos más radicales, tanto los honores públicos como la recompensa económica están garantizados, pero a cambio de una subordinación absoluta a «La Orden». Al final de cada curso, un selecto grupo de 15 graduados es escogido para participar en la entrada iniciática al mundo de los poderes temporales. Se asegura que, desnudos y dentro de un ataúd, deben confesar sus fantasías sexuales y otros sórdidos secretos. Cada neófito recibe un hueso con una inscripción que identifica su pertenencia a la «más poderosa de las sociedades secretas». Sólo las paredes de la «Tumba» (el edificio del campus de Yale donde se llevan a cabo las ceremonias) son testigos de esta oscura comunión en la cual Introvigne reconoce el signo ocultista de la liturgia, pero considera que se trata de ritos que simbolizan con estas imágenes de fango la condición humana y que culminan con el «lavado», que representa la purificación por el agua y el nacimiento del neófito como hombre nuevo. En 1856, la Orden de la Calavera y los Huesos fue registrada oficialmente como Asociación Russell. Desde entonces se le conoce también como el Capítulo 322 de una sociedad secreta alemana. Domiciliada durante décadas en la sede neoyorquina de la banca Brown Brothers Harriman, siempre parece haber estado interesada en la creación de un liderazgo oculto con capacidad para controlar los destinos del planeta. La familia Bush ostenta un privilegiado asiento en este cenáculo desde hace tres generaciones. Los vínculos entre los Harriman y los Bush se forjaron en la graduación de 1917, cuando Edward Roland Harriman y Prescott Bush consiguieron la «condecoración» ósea que les acreditaba como serias promesas de los proyectos que «la Orden» tenía a escala mundial. Las expectativas puestas en ellos no eran gratuitas, ya que fueron aupados por dos poderosos «patriarcas»: Percy Rockefeller, que llegó a la Orden en 1900, y E. H. Harriman, en 1913. El padre de este último,Averell Harriman, era un magnate del ferrocarril que se hizo con el control de la Union Pacific Railroad en 1898 gracias a un crédito del padre de Percy. Los abuelos de George Bush encajaron en este restringido círculo. Por parte materna, George Herbert Walker, acaparó su propia parcela en los ferrocarriles del medio oeste y acabó asociándose con los Harriman. Por parte paterna, Samuel Bush representó fielmente las inversiones de la industria armamentística cuyos beneficios se dispararon enormemente en la I Guerra Mundial. En 1931, la Brown Brothers se unió a los Harriman para darle a la Orden el argumento de una nueva aventura que la humanidad no deberá olvidar nunca. Los Harriman y Prescott Bush fueron los banqueros y socios comerciales de Adolf Hitler. Muchos detalles de esta historia suprimida pueden ser consultados en La biografía no autorizada de George Bush, escrita por Webster G. Tarpley y Anton Chaitkin, hijo de Jacob Chaitkin, que interpuso una querella por estafa en la Hamburg Amerika Line contra los Harriman y P. Bush. De acuerdo con sus denuncias, el otro gran Beneficiado de la operación fue Hitler. He aquí el prontuario de esta biografía siniestra: La Union Banking Corp., fundada por el abuelo del ex-presidente de EE UU, y la Brown Brothers-Harriman, financiaron la maquinaria militar de los nazis a través del Cartel Alemán del Acero.

En 1938, Prescott Bush, en calidad de socio ejecutivo de la BBH, también fue responsable del préstamo concedido al Tercer Reich para importar combustibles suministrados por la Standard Oil, que abastecerían las necesidades de la aviación militar alemana. La Hamburg Amerika Line, naviera creada por el abuelo de George Bush con el respaldo de los Harriman, no sólo apoyó a las SS, sino que operó como tapadera propagandística de los nazis. En 1932, Averell Harriman se encargó personalmente de procurar a los ideólogos nazis pasajes a bordo de la Hamburg Ametika Line para que asistieran a un congreso sobre «higiene racial». Se asegura que una de las prioridades de «La Orden» en nuestro siglo ha sido la de evitar la explosión demográfica de los grupos étnicos considerados inferiores y la promoción de políticas eugenésicas, como la esterilización en masa. No hay que olvidar que las leyes nazis de esterilización se inspiraron en las norteamericanas. Este complejo financiero habría puesto en marcha un vasto dispositivo logística para facilitar el tráfico de armas y explosivos, remitidos en gran parte a través de la naviera a la I G. Farben nazi; mientras, en Cuba, el principal negocio de la I G. Farben -según asegura Hans G.Behr en La droga, potencia mundial- sería vender heroína a la Cosa Nostra americana. Según sus acusadores, esta es la fuente que nutrió la trayectoria de George Bush corno hombre de negocios, espía avalado por el poderoso director de la CIA Allen Dufles, y político. Como dueño de Zapata Oil, George Bush heredó, además, la conexión nazi de su padre. En su libro La Operación Paperclip, Ray Renick cuenta que, acabada la Segunda Guerra Mundial, la organización Gehlen -criminales nazis supuestamente reclutados por los Rockefeller y la Orden de Malta, a la que pertenece el hermano mayor de George Bush- ubicó su cuartel general en California. Desde sus inicios, la CIA integró a los nazis en un gigantesco aparato de terror estatal a lo largo de toda Sudamérica. Su estrategia es, de acuerdo con Mike Ruppert, ex detective de la sección de narcóticos de la policía de Los Ángeles, el tráfico de drogas a gran escala, con la colaboración de Cosa Nostra, y el blanqueo de dinero en bancos de las Bahamas y otros paraísos fiscales. La Operación Paperclip se dividió y dio lugar a la Operación Amadeus, por la que muchos oficiales nazis fueron trasladados desde Alemania a Sudamérica. Albert Carone, uno de los «correos» más activos de esta red, era coronel de la inteligencia militar. Su agenda parecía un directorio de la CIA y la Mafia, según Ruppert, que asegura haberla revisado minuciosamente. Tras expresar cierto descon-tento, Carone murió por "toxicidad química de etiología desconocida". Su hija afirma tener pruebas contra el «cerebro» de la Operación Amadeus, igualmente examinadas por Ruppert. Según estos documentos, «Amadeus» no es otro que George Bush. Así lo denunció Ruppert ante una comisión de Inteligencia del Senado norteamericano.

Pecados de familia

Entre los patrocinadores de la carrera de Bush destaca Walter Mischer, banquero, promotor y uno de los mayores terratenientes de Tejas. En La CIA, la Mafia y George Bush, Pete Brewton denunció las supuestas conexiones de Mischer con la Mafia. Muchos aseguran haber sufrido persecución por conocer los secretos de la familia Bush. Baste citar aquí el trágico caso de Darlene Novinger, una ex-agente del FBI que investigaba grandes flujos de narcotráfico entre Canadá y Florida Y denunció haber comprobado la relación de los narcotraficantes de la Falange Libanesa con George Bush en el mismo periodo en el cual éste desempeñaba el cargo de jefe de la lucha contra el narcotráfico en el sur de Florida. Los superiores de Darlene le prohibieron seguir con su trabajo y la presionaron para firmar mentís de sus propios hallazgos que según ella, puede incluso documentar con imágenes. En 1987, las primeras amenazas se cumplieron. El cadáver de su marido apareció en el río Sesquihanna dos meses después de ser asesinado. El 8 de julio de 1993 recibió otro aviso funerario, hecho realidad cuatro horas más tarde: su padre murió envenenado. Poco después de enterrarlo, halló junto a la lápida un canario muerto, el mismo mensaje que alguien dejó en el buzón a Bradley Ayres, su compañero de investigación en el FBI. El 24 de julio de 1996, Darlene denunció estos hechos en la Kiev AM Radio, en Glendale, Califomia.

El candidato de la Orden

En 1977, George W. Bush Junior, erigió su primera compañía, Arbusto Energy, con la ayuda económica de la Orden. La asistencia de su tío Jonathan Bush fue muy útil para acumular el capital, aportado por una veintena de inversores, con William Draper III al frente. En la Biografía no autorizada, de Tarpley y Chaitkin, Draper aparece como gestor de la «cuenta Thyssen», de la que los Harriman y los Bush se habrían servido para financiar al partido nazi. George Bush hijo entró en la Orden en 1968. Los promotores políticos de su padre le confiaron la tarea de representar estos sombríos intereses. Ya habría ocurrido en vísperas de la Guerra del Golfo. «En el nombre del padre», George Bush jr. invirtió en Harken, una prolongación de la íntima relación entre «petrodólares» y «narcodólares» expuesta en el Informe Kiwi. Según dijo el ex-agente de la CIA Ronald Rewald a Rodney Stich, George Bush tenía una cuenta con narcodólares bajo un nombre falso, Irwin Peach. En esta guerra, el petrolero George Bush, dueño de Zapata Oil, habría actuado contra su antiguo amigo Saddan Husein, a quien probablemente no permitió derrocar, con el objetivo deliberado de producir una crisis mundial con elevadas ganancias para las grandes multinacionales. Según las denuncias recogidas por los autores reseñados anteriormente, los Bush son herederos de un oscuro linaje. En el inicio del nuevo milenio, «La Orden» habría elegido a George Bush junior para encumbrar sus designios, perpetuar el pillaje y, probablemente, aumentar su colección de huesos de líderes disidentes.

El clan Bush y el nazismo por Jon Odriozola*

A la historiografía burguesa le gusta presentar los grandes acontecimientos históricos como producto de grandes líderes carismáticos que subyugan e hipnotizan a las masas con su sugestiva oratoria. De este modo, por ejemplo, Hitler, un pintor mediocre que vivía en albergues nocturnos, llegó a convertirse en el führer encandilador de Alemania en los años 30 y 40. Se suceden biografías y películas siempre sobre una persona y se procura eludir las soterradas condiciones sociopolíticas y económicas que posibilitaron el régimen nazi y catapultaron a Hitler al Bundestag. Es conocido que los magnates alemanes de la industria y el acero Krupp y Thyssen financiaron al partido nazi y auparon a Hitler al poder. Pero, quizá, no es tan sabido que fueron también los banqueros de Wall Street los que sufragaron de forma encubierta su fulgurante ascensión hacia el poder. De esto trata el libro de Venster G.Tarpley y Antón Chaitkin titulado “George Bush, la biografía desautorizada”, donde el clan Bush tiene un papel relevante y preponderante. Sobre todo Prescott Bush, abuelo de George W. Bush.

Prescott Bush es uno de los directores ejecutivos de la Union Banking Company (UBC), testaferro de los nazis en Nueva York y Londres. Vía UBC, Prescott Bush y su suegro, George Herbert Walker, unieron sus fuerzas en compañía del industrial alemán Fritz Thyssen para financiar a Hitler antes y durante la II Guerra Mundial. La fortuna de la familia Bush se amasó gracias a los contratos financieros establecidos con la Alemania hitleriana. Por supuesto, la opinión pública estadounidense ignora esto porque ni Dan Rather ni el New York Times, el periodismo «liberal», les informará de ello.

Hagamos un poco de historia. En 1922 W. Averell Harriman fue a Berlín a fin de encontrarse con los miembros de la familia Thyssen para fundar una filial bancaria. El presidente de este banco sería el ya mentado G. H. Walker, suegro de Prescott Bush. En 1924 se creó la UBC para unir sus fuerzas al Bank voor Hendel en Scheepvaart holandés de Thyssen. Su principal director sería Prescott Bush.

Fue tras el gran crack financiero de 1929-31 que debilitó a todos los gobiernos cuando algunos anglo-estadounidenses decidieron instalar el régimen hitleriano en Alemania. Fritz Thyssen fue el primero en hacer despegar al partido nazi, entregándole 25.000 dólares a mitad de los años 20. En 1931 se unió al partido nazi y pronto llegó a ser amigo íntimo de Hitler. Thyssen estaba tan fascinado con Hitler que llegó a escribir un libro titulado “Yo financié a Hitler”. Eran buenos tiempos. También utilizó su influencia para crear el German Steel Trust, fundado en 1926 por el capo de Wall Street Clarence Dillon. ¿Quién fue uno de los asistentes de Dillon en ese proyecto? Agárrense: el padre de Prescott Bush, Sam Bush.

Los Thyssen obtuvieron su financiación inicial a partir de dos puntales, a saber: el Brown Brothers Harriman (BBH) y la UBC. Personajes clave en esos dos puntales serían los ubicuos G. H. Walker y, cómo no, Prescott Bush. La UBC fue creada para transferir fondos entre Manhattan y Alemania a través de los bancos holandeses de Thyssen. Los Thyssen se beneficiaron de la ayuda de la familia real holandesa, que cooperó para ocultar sus cuentas en toda una serie de bancos holandeses. La UBC se convirtió en un canal secreto para el dinero nazi que partía de Alemania hacia Estados Unidos, pasando por Holanda. Y cuando los nazis tenían necesidad de renovar sus suministros, la BBH encauzaba sus fondos directamente hacia Alemania. La UBC recibía el dinero, después Holanda y el BBH lo reexpedían. Y ¿quién forma parte de la oficina que dirigía las dos compañías? Lo adivinaron: Prescott Bush, el primer blanqueador de dinero de los nazis. Sus operaciones eran tan desleales hacia sus compatriotas americanos que en 1942 el Gobierno estadounidense ordenó la incautación de todas las operaciones bancarias nazis en Nueva York cuyo responsable era él.

La guerra se termina en 1945 y Fritz Thyssen muere en 1951. A su muerte los restantes accionistas de la UBC liquidaron sus activos siendo Presscott uno de los beneficiarios, recibiendo millón y medio de dólares. Sus colegas (los mismos traidores de Wall Street que financiaron a Hitler) fueron los mismos que iban a lanzar a George Bush senior (el papá del Bush actual) al puesto de director de la CIA en los años 70 y más tarde en la Casa Blanca.

Para acabar tan siniestra intrahistoria, digamos dos palabras sobre Bernardo de Holanda. Bernardo de Lippe-Biesterfeld, príncipe alemán, se casó con la princesa y futura reina Juliana de Holanda en 1937. Luego de este braguetazo, el príncipe Bernardo, notorio pronazi que fundara en los años 50 el grupo Bilderberg (ver post-scríptum), permitió a la familia Thyssen blanquear su dinero a través de Holanda, mientras que los Rockefeller se procuraban casi un tercio del control de los intereses de Thyssen (fue David Rockefeller quien fundó la célebre Comisión Trilateral). El BBH y la UBC, por los cuales el dinero se encauzaba hacia los Estados Unidos, fueron fundados por los miembros de la cofradía (?) Huesos y Calaveras de la Universidad de Yale. Sin hablar ahora de las relaciones comerciales de la familia Bush con la familia Bin Laden y el grupo Carlyle, que esa es otra, Huesos y Calaveras es una secta cristiano-satánica a la que pertenecieron los arrapiezos Bush cuando eran universitarios en Yale. Durante seis meses Bush hijo fue investigado por el fiscal de Brownsville (Texas), acusado de uno de los asesinatos rituales cometidos por la secta, pero el proceso fue paralizado por papá Bush, entonces jefe de la CIA. También un informe de la CIA de 1963 documenta la conexión de Bush hijo con una red antisemita de ultraderecha (hoy tan amigos del sionismo), por no mencionar los lazos que unían a Bush padre y al norcoreano fascista Sun Myung Moon. En fin, unos «angelitos».

PS: En 1954 Bernardo de Holanda fundó un club de personas influyentes y poderosas para fortalecer las relaciones de los países occidentales y frenar el «expansionismo soviético». La primera reunión se hizo en el hotel holandés Bilderberg. Los Rockefeller o los Rothchilds o Kissinger mantuvieron con sus fortunas y latrocinios este txoko. En 1989 se reunieron en el balneario de La Toja siendo recibidos por Felipe González. Allí pululaban los exquisitos Miguel Boyer, Polanco y, como invitados, Esperanza Aguirre, Jordi Pujol (un cristiano «fundamentalista» en sus años mozos) o el hoy académico de la lengua Juan Luis Cebrián. Pertenecen a la «sociedad», dicho ahora a la donostiarra manera, Donald Rumsfeld, el presidente de Coca-Cola, el de France Telecom o el promotor de becarias Bill Clinton. Uno de los mecenas de tanto filantropismo es la rica familia sueca de los Wallberg, cuya hija está casada con Kofi Annan, secretario general de la ONU. Les gusta sentirse, como diría James Cagney, en la cima del mundo. Claro que, como decía Marx, todo lo sólido se desvanece en el aire.

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