23 ago. 2012

De la esencia de la cultura, George Simmel

El hombre moderno se encuentra cercado por una infinidad de objetos culturales (enseres, utensilios, máquinas, bienes de uso y de cambio, etc.) que guardan para él un significado pero que a la vez ("en el fondo más profundo") carecen de sentido. En ello consiste el mundo fetichista de la mercancía. Como todos los objetos están hechos para ser reemplazados (incluido el hombre como objeto-fuerza-de-trabajo), la solidez que supo tener el espíritu objetivo se licúa, y los hombres se desorientan. La moda, entonces, se convierte en un problema filosófico. Su inevitabilidad y su aceleramiento provocan que el estado de ánimo normal del hombre sea el nerviosismo, la ansiedad y la frustración concomitante, caldo de cultivo para una sociedad indiferente, envidiosa y competitiva. El modo de ser del hombre culto consiste, para Simmel, en el estar-permanentemente-estimulado. El ser-entre-tenido aparece como objetivo cultural. La felicidad queda así reducida al deseo voraz de consumir las superficialidades que integran la cultura del "urbanita consumidor". El verdadero concepto de felicidad de Simmel, en cambio, tiene resonancias aristotélicas: se basa en la relación armónica del hombre "con el todo del ser", que es el mundo, espacio virtual que aparece en la mediación entre un hombre y otro.

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