13 oct. 2012

Comercian con marfil mientras los elefantes se extinguen

El elefante africano se halla, prácticamente, extinguido. En cincuenta años su población, de diez millones, ha descendido a medio millón. La convención de la CITES, del octubre del año pasado, al clasificarlo en el anexo I de especies más perjudicadas y protegidas, intenta, cuando ya es tarde, salvar lo irremediable. El pasado año, el 16 de octubre concretamente, se reunía en Lausana, Suiza, el consorcio Internacional de Especies Amenazadas, CITES. Uno de los temas principales fue la preocupante situación de los elefantes africanos, víctimas principalmente del furtivismo, de los gobiernos -o circunstancias políticas- y en menor grado, de los safaris organizados. Su descenso ha sido vertiginoso: diez millones hace cincuenta años, alrededor de un millón hace diez y unos quinientos mil actualmente. En los últimos años se han abatido una media de 80.000 cada año. Con motivo de la guerra de Angola, durante más de diez años, las guerrillas se han financiado masacrando la mayoría de la población de los elefantes de su país; desde la utilización de armas de guerra como las ametralladoras hasta el sofisticado rifle AK-47; desde la ráfaga hasta el certero disparo: encima de la trompa, la oreja o en el codillo, para inmovilizarlo y rematarlo después. La masacre de elefantes en la frontera de Angola y Namibia ha sido hasta ahora, poco conocida. Un oficial del ejército de Sudáfrica decía, explicando sus experiencias en los combates alrededor de la frontera angoleña contra UNITA, respecto de los elefantes:” los cientos de miles se convirtieron en miles de cientos, y los cientos a diez”. El coronel Breytembach, jefe de una unidad de paracaidistas de Sudáfrica, y por lo tanto buen conocedor de la situación, informaba, denunciando públicamente, en el Sunday Times, a sus superiores, del exterminio que se estaba produciendo sin que las autoridades sudafricanas hicieses nada por evitarlo. En septiembre del año pasado, la policía de Namibia interceptaba un camión propiedad de un famoso traficante de armas incluidas, llamado Joaquín da Silva Augusto, conteniendo, escondidos debajo de frutas y vegetales, 890 colmillos con un peso de siete toneladas. A finales del mismo mes un avión bimotor, pilotado por el mismo Augusto, se estrellaba al despegar del aeropuerto de Jamba, por exceso de peso a causa del marfil que transportaba, y que se dirigía hacia Sudáfrica. Todo ello mientras el líder angoleño Savimbi, continua negando todo lo sucedido de matanzas y contrabando, y enseña en Luiana una reserva de bien cuidados animales para periodistas y cacerías “reservadas” a influyentes amigos de Sudáfrica y otros compromisos. Otros países, ya sea por necesidades de sus empobrecidas economías, ya sea por la corrupción de sus administraciones, permiten que una plaga de cazadores furtivos esté acabando prácticamente con la especie. En el mes de febrero de 1984, las Naciones Unidas de Animal, Nua, con sede en Montreaux (Suiza) y de la cual forma parte ADDA, juzgaban y condenaba, en el Centro Internacional de Conferencias de Ginebra, de la mano de su Secretario General, Franz Weber, la “agonía de los elefantes en África y a la compañía aérea Sabena, belga, por el transporte del marfil, su desvalorización y que cualquier persona que utilizase, ya sea en un objeto decorativo, una brazalete o una bola de billar, se sintiese responsable del drama que ello acarreaba a toda una especie. Ante esta alarmante situación se ha llegado a un acuerdo mundial para salvar al elefante africano prohibiendo el comercio internacional del marfil, la carne y su piel. Cinco países africanos no lo han firmado: Zimbawe, Burundi -el más pequeño de África, Malawi, Botswana, Mozambique y Sudáfrica- que en total, representan el 20 por ciento del comercio mundial y que curiosamente, se da la circunstancia que corresponden hacia la vertiente austral del África. Otros países africanos, no obstante, se adhieren a la CITES y Kenia, con unos buenos parques protegidos y una mayor tradición hacia el turismo de safaris o fotográficos, daba un golpe efectista en julio pasado, e manos de su Presidente , Daniel Moie, al quemar, públicamente, un montón de colmillos de contrabando valorados en más de tres millones de dólares. Como esta decisión se venía temiendo en los lobbys internacionales de este comercio, se incrementó la matanza, indiscriminada, y más rápida posible, para el acopio del mayor número de colmillos. Hasta se utilizan sierras mecánicas para cortar los colmillos de las víctimas. Su valor, consecuentemente, se ha disparado, pasando de las 40.000 pesetas el kilo de colmillo en los mercados de Oriente a cerca los dos millones que puede costar en España una reproducción tallada de unos cuatro kilos. El oro blanco, como se le llama, ha duplicado en poco tiempo, al precio de la plata. La convención de la CITES reunió a 103 miembros de todos los países. Pero existía el gran problema de los enormes stocks de materia prima acumulada y los influyentes intereses comerciales para que esta tuviese salida. Honk Kong, solamente, almacenaba más de 670 toneladas de marfil y trató desesperadamente, pero en vano, de que se alargase el plazo de 90 días, para deshacerse de él. Esta resolución se halla en el anexo I, que fue protestada por los países del Sur de África, argumento que ellos, mejor que nadie, conocían como tratar a sus elefantes y controlar las matanzas y el contrabando. Recientemente se ha conocido como Sudáfrica ha diezmado los elefantes de Angola, queriendo aparecer como un país protector modélico en sus reservas. El marfil de los países del Este de África entra, de contrabando, a este país, y de allí, hacia Oriente escondido en camiones o containers con dobles paredes preparadas a este fin. Existen dos Anexos en el CITES, para la protección de las especies de animales y vegetales: están incluidas en el Anexo I todas aquellas que se hallan más perjudicadas y que, por lo tanto, se consideran como “intocables”. En el anexo II figuran otras especies cuya captura puede obtenerse bajo control. Una especie que por su precariedad estaba clasificada en el anexo I, una vez comprobada su rehabilitación, puede pasar a la clasificación del anexo II. El 17 de enero, justamente el día anterior a la entrada en vigor del Anexo I, Gran Bretaña, que había sido uno de los países que más se distinguió en que se aprobase esta prohibición, acuerda unilateralmente, que a fin de dar salida a unos stocks valorados en 85 millones de libras, autorizaría, por seis meses más, el libre comercio entre sus fronteras, del marfil. Ek mismo país que en la reunión de la CITES decía “el drama en que se encuentra el elefante africano, hace que no podamos esperar más de 90 días”, ahora bajo las presiones puramente comerciales, toma esta decisión que ha causado u gran estupor y malestar internacional. La asociación ADDA, a requerimientos de la Asociación Mundial de Protección de los animales, WSPA, de Londres, se dirigía ala Primera Ministro, Sra. Margaret Tacher, haciéndole ver esta contradicción: “ la decisión de su gobierno de prorrogar por seis meses la comercialización de los stocks de marfil de Hong Kong, significa que los intereses comerciales son más importantes que la preservación de las vidas de los elefantes. No podemos creer, por más tiempo, que el pueblo inglés ama a los animales, porque en un país democrático, las decisiones de un gobierno representan el sentir de la mayoría". En España, y haciéndose eco del Reglamento de la Comunidad (nº2496/89), ya con anterioridad a la convención de la CITES, en la Resolución aparecida en el BOE, de fecha 21 de septiembre de 1989, prohibía “efectuar importaciones en bruto y elaborado, de marfil procedente del elefante africano”. Mientras, el Fondo Mundial de la Protección de la naturaleza, WWF –que en España trabaja conjuntamente con ADENA-, denunciaba que “el marfil obtenido fraudulentamente, cruza de una forma demasiado fácil las fronteras españolas, lo cual perjudica, de manera irreversible, a los elefantes africanos”. Existen tres departamentos responsables, y por lo tanto, competentes en esta normativa: la subdirección General de Aduanas, el ICONA y el SOIVRE(dependiente del Ministerio de Economía y Hacienda). Tres departamentos, que, aparte de la dificultad de identificación de la verdadera procedencia del producto a controlar, resultan faltos de cohesión para hacer cumplir, con efectividad, lo que la WWF denuncia. Entretanto el elefante, que era un animal habitualmente apacible y dócil, se ha convertido en nocturno, fiero y silencioso. Carga si se le acercan y huye, despavorido, cuando presiente la presencia humana. Quienes ahora guían los pequeños grupos, son las jóvenes hembras, en vez de las matriarcas como era habitual en su especie. Se ha comprobado que una glándula, al igual que la adrenalina, segrega, continuadamente, este signo de estrés. Fuente: addarevista

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