30 dic 2009

Polonia: prohibido comprar símbolos comunistas

(Varsovia, Polonia). La normativa ha causado irritación entre los ex comunistas de la Alianza de la Izquierda Democrática (SLD), que planean presentar un recurso de anticonstitucionalidad. La ley inquieta además a mucha gente de a pie, desde coleccionistas de objetos históricos hasta los propietarios de populares restaurantes decorados con temática comunista.

“Tengo un consejo para los creadores de esta ley: deberían tomar el martillo, un símbolo de la URSS ,y darse con él en la cabeza”, ha dicho Slawomir Kopczysnki, diputado del SLD.

Incluso el partido en el gobierno, Plataforma Cívica, parece confuso en torno a la nueva legislación, aprobada a finales de noviembre, que establece las mismas condenas por propagar símbolos fascistas. Janusz Palikot, uno de los líderes del partido, admite que su formación “se ha vuelto loca”. Sin embargo, él ha votado a favor de la ley.

La polémica legislación forma parte de un viejo intento de los países de Europa central que vivieron durante décadas bajo regímenes comunistas de tratar sus símbolos del mismo modo que los del nazismo. Muchos países europeos, incluida Polonia, consideran delito difundir imágenes nazis, y obras como el Mein Kampf de Hitler son a menudo prohibidas. La aversión general hacia todo lo que pueda percibirse como una glorificación de los nazis incluso se extiende a los juguetes. En Europa, las pequeñas réplicas de aviones de guerra alemanes no tienen las esvásticas pintadas en la cola, uno de sus distintivos.

“Una vez fui a una feria de modelismo con un avión en el que había pintado una esvástica, y me expulsaron”, recuerda el propietario de una tienda especializada de Varsovia. Pero el rechazo hacia el fascismo y el nazismo es muy diferente a cómo se ven los símbolos comunistas. Las tiendas de recuerdos en ciudades como Varsovia y Praga venden gorras adornadas con estrellas rojas. Sin embargo, no se venden brazaletes con el símbolo del partido nazi.

El Parlamento Europeo ha instaurado el 23 de agosto (aniversario de la firma del pacto Ribbentrop-Molotov entre la Alemania nazi y la Unión Soviética que allanó el final de la II Guerra Mundial) como el Día Europeo Conmemorativo de las Víctimas del Estalinismo y el Nazismo. Pero intentar equiparar los dos totalitarismos está demostrando ser una tarea complicada.

Parte del motivo es que los nazis son percibidos únicamente como malvados. Aunque el comunismo impuso décadas de férreas dictaduras, se considera que los gobiernos comunistas fueron más suaves que la violenta Alemania nazi.

Aunque Polonia vivió 45 años bajo el régimen comunista, el sistema todavía tiene seguidores en la actualidad. En un reciente debate en la prensa, Slawomir Sierakowski, editor de un periódico de izquierdas, señaló que “es imposible pensar en el nazismo sin pensar en el holocausto, mientras que sí es posible pensar en el comunismo sin el Gulag. La idea comunista surge de entusiastas intenciones positivas”.

A los polacos nacionalistas les cuesta digerir ese punto de vista. Radoslaw Sikorski, el explícito ministro de Asuntos Exteriores polaco, pidió recientemente la demolición y sustitución con zonas verdes del Palacio de Cultura de Varsovia, un regalo que Josef Stalin hizo en 1955 al pueblo polaco y que sigue siendo el edificio más alto de la capital.

Pero pese a la petición de Sikorski, el palacio continúa en pie 20 años después de la caída del comunismo, y recientemente ha sido declarado monumento histórico, por lo que parece que seguirá en su sitio un buen tiempo. Su permanencia es un signo de que, pese a la nueva ley, los polacos no equiparan el comunismo a los horrores del nazismo.

Otra señal de aceptación se puede ver en casi cualquier ciudad y pueblo de Polonia. En los primeros años que siguieron a 1989 se cambiaron los nombres de cientos de calles. Calles que llevaban el nombre de héroes como Vladimir Lenin y Felix Dzerzhinsky, el fundador de la policía secreta soviética, fueron rebautizadas en honor a personalidades como el Papa Juan Pablo II. Pero en los últimos años la tendencia a erradicar los nombres del comunismo se ha diluido y los polacos se muestran reacios a pasar por todo el trastorno que conlleva cambiar direcciones, señales y documentos.

En Varsovia, una de las principales calles todavía se llama del Ejército Popular, mientras que la ciudad de Gliwice aún tienen una dedicada a Karl Marx. La erradicación de los símbolos comunistas sigue siendo un asunto importante tanto para la derecha nacionalista (especialmente para el principal partido de la oposición, Ley y Justicia) como para la izquierda ex comunista, que lucha para preservar lo que queda del modelo de estado al que sirvió. Pero una generación después de la caída del comunismo, el debate sin embargo resulta bastante difícil de entender para la mayoría de los polacos. La información

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