13 dic. 2009

¿Qué es el toyotismo?

Japón es el campo de ensayo de las nuevas formas de explotación del trabajo y tecnologías que de forma desigual y combinada estamos padeciendo en el resto del planeta, de allí la importancia de estudiarlo como caso piloto.- El proceso de cimentación de esta forma específica de subsunción del trabajo humano, es decir, la construcción de éste patrón de dominación, no es producto de “las tendencias objetivas inescapables del propio desarrollo técnico y económico del capital; sino que es un producto cuyas causas y consecuencias sólo pueden explicarse a partir de la lucha de clases (se verá que la invención tecnológica es parte integrante de ésta lucha) entre capital y trabajo por el gobierno del hacer; libre y consciente, práctica creativa, del lado del trabajo librado del capital; enajenado y deshumanizado del lado del capital esclavizando al trabajo.- Nos centraremos en la génesis, procesos y formas (tres categorías centrales en el marxismo de Marx) del modo toyotista de subsunción de la humanidad, pues creemos que éstas nos permiten entender el pasado-presente propio de un mundo en lucha, formas propias de la juventud y virilidad del pensamiento.

Sin que de ninguna manera el modelo taylorista-fordista haya desaparecido (aunque se ha ido transformando) se han desarrollado otros sistemas de trabajo alternativo. Japón ha sido la cuna, el campo de experimentación, de unos de éstos nuevos sistemas: el toyotismo o sistema corporativo japonés.

A escala planetaria, éstos nuevos modelos son presentados (aún por la socialdemocracia y la izquierda reformista) como el comienzo de una nueva época. El intento de reeditar un nuevo “pacto social” entre el capital y los trabajadores, se pone nuevamente de manifiesto. De ésta forma, por ejemplo, los defensores del “toyotismo” señalan que éste trae aparejado una serie de modificaciones en los procesos de producción, que implican mejoras considerables para la clase obrera, llegando incluso al extremo de asegurar que su difusión acabaría con el antagonismo social.

Uno de los argumentos es que la tecnología necesaria para la implantación del sistema de producción flexible demanda una fuerza de trabajo apta para un proceso laboral donde la inteligencia del obrero sea movilizada. De modo que la separación entre el “pensar” y el “hacer” (clásica en el modelo de producción anterior) deba ser eliminada, para que el obrero pueda hacer sugerencias e implementar cambios en un proceso productivo en continuado cambio. A esta “movilización de la creatividad” los japoneses la denominan Kaizen.

Otro de los argumentos, es que la “producción flexible” pone fin al trabajo en detalle (adosado a la cadena de montaje fordista) en el cual a cada trabajador se le asignaba una tarea simple que realizaba repetidamente. Ahora los trabajadores participan en “equipos” en los cuales una variedad de tareas son rotadas entre los integrantes del grupo. Con ello, se sostiene, se acaba el tedio y la fatiga nerviosa que ocasiona el trabajo monótono y repetitivo. Esta nueva organización del trabajo demanda un trabajador multiespecializado que pueda diagnosticar problemas en la línea de producción y corregirlos inmediatamente, suplantando a los grupos de trabajadores especializados que efectuaban dichas correcciones después de concluido el proceso de producción.

Otro argumento plantea que la producción flexible se desarrolla en función de la provisión de una determinada demanda de productos procurando disminuir los costos por la acumulación de stocks inmovilizados. Se conoce a éste sistema de producción como “justo a tiempo” (just in time), y su objetivo central es proveer a la demanda en forma flexible. También se plantea que resulta necesario para el capital disponer de una fuerza de trabajo diligente y capacitada que responda rápidamente a los problemas planteados por la complejidad del sistema de “producción flexible”. De allí que el capital se dé una política de incorporación de los intereses del trabajo a la empresa, creando un sistema de obligaciones reciprocas, antes que la relación antagónica entre capital y trabajo que existía hasta ahora. Esto explicaría la seguridad de por vida en el empleo de las fábricas japonesas y otras formas de integración social de los obreros. Eliminando la coerción que de hecho se ejerce en el sistema capitalista clásico sobre los trabajadores por medio del monopolio de los medios de producción y el ejército de desocupados.

Por último, se plantea que la producción flexible promovió una red de empresas pequeñas y medianas que proveen insumos a las empresas ensambladoras, lo que llevó a que ésta sólo controle el producto final. Así se habría desarrollado un nuevo capitalismo estructurado en torno a empresas pequeñas y medianas, -capitalismo micro- sobre el cual las comunidades locales tienen un mayor control democrático. El viejo monopolio tiende a desaparecer, o por lo menos pierde fuerza y relevancia; en lugar de integración vertical, rigidez y monopolio, ahora hay flexibilidad, desintegración y desconcentración. Leer más.

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